12 de noviembre de 2005

SOUNDTRACK PARA UNA VIDA

El Siguiente artículo lo escribí hace algún tiempo para una revista y me agradaba mucho en un comienzo, luego me recordaron la cinta en la que trabaja John Cusack, que para algunos pareciera ser un manual de acción, y ante las similitudes dejó de gustarme un poco. En realidad no recordaba Alta Fidelidad y ahora tengo que identificarla como la inspiración para este texto. Se coló nada más en mi cabeza. Luego recordé, a su vez, al muerto que narra desde el zócalo mexicano en “Mantra” de Rodrigo Fresán, quien también en un capítulo se refiere a algo similar. Ahí están las dos bases que inconscientemente dan vida a este artículo. De todas maneras aquí está y tiene sus cosas.


SOUNDTRACK PARA UNA VIDA
Por Daniel Hidalgo

No me es difícil imaginar la vida como un disco compacto. Girando en la órbita de sus perfectos círculos concéntricos incluso cuando está en pausa. Los CD’s, como la vida misma, no tienen nada de eternos. Se llenan de rasguños que saltan la melodía produciendo los más inesperados silencios. Silencios que duran segundos pero que nos mantienen con esa sensación al límite que nos deja en la más angustiosa duda acerca de predecir en qué momento se retomará la línea de la estrofa interrumpida. Creo estar en uno de esos saltos. Con la sensación de que la canción debe continuar y que cualquier instante será el preciso. No hay nada más exclusivo que un disco rayado. No se encontrará en la faz de la tierra ninguno con la misma marca, rasguño. Un disco rayado es como un brazo tatuado. El rasguño del disco es como una marca de por vida. Aquellos discos que más me importan son aquellos que más rayados están, saturados de muteos intermitentes, deformando la canción hasta crear una totalmente distinta, distorsionada, única. Como los discos, las vidas que más me interesan son aquellas llenas de fisuras, únicas, distorsionadas.

En algún momento las vidas cambian al siguiente track (o retoman el track anterior). No es mi caso. Yo continúo en el mismo sólo que aguardo a que, tras el silencio, continúe en cualquier momento.

Pienso en mi existencia como en un puñado de buenas o malas canciones. Preparo el soundtrack de mi vida. No es difícil. Buen ejercicio: anotar (x) canciones que representen (x) grandes momentos de tu vida. Una conjugación de distintas tonalidades, tempos y/o estilos. Es fácil ver la vida como una secuencia de escenas cinematográficas. Desde ahí pensar en qué canción puede acompañar la escena. Enredado en las sábanas de tu primer amor. O el día en que te graduaste de Cuarto Medio. Tus primeras borracheras. La primera vez que te sentiste importante. La última vez que pensaste en suicidarte.

Pienso en Here, There and Everywere, The Beatles, en Revolver. Esa perfecta fantasía McCartneyana de lo que el amor eterno debía ser. Si la música es un tatuaje The Beatles deben ser los más grandes tatuadores de la Historia.

Pienso en Amy Mann. Tema: One. Soundtrack de “Magnolia” del director Paul Thomas Anderson. Un leve y dulce suspiro que nos plantea que el uno es el número más solitario.

Pienso también en Beck, con Lost Cause. Un desconocido tema del autor de una etapa aún más desconocida.

Pienso en Lou Reed. Perfect Day. En esa inquietante búsqueda del día perfecto que puede ser cualquier día.

Salto a Lullaby de The Cure. Una máquina de sueños intermitentes.

Next track: The Bee Gees con I’ve Gotta Get a Message to You. Un suave secreto de los hermanos Gibs antes de que la fiebre disco los invadiera.

Los Jaivas con Lluvia de Estrellas. Una balada grotesca y la más antijaivas de sus creaciones.

Lithium. Nirvana. Disco Nevermind. Una obra suicida de un suicida.

Ghost Town. The Specials. Un himno para la caótica bohemia, perdida en muchos lugares.
Y es que son demasiadas. Nadie dijo que sería fácil. Me doy cuenta de que mis canciones en realidad pueden ser de cualquiera. También me doy cuenta de que en mis canciones se conjuga lo más desconocido con lo más visible, curioso. Como si yo mismo me dividiera entre el desconocimiento invisible y en momentos de más atención. Aunque en general son temas de una vida más íntima que abrupto-social. Es necesario y muy recomendable el realizar este compilado, el soundtrack de cada vida. Aquel puñado de canciones que digan este soy yo. Escucharlo hasta que el disco esté tan rayado que ya no sirva más que para adornar el vidrio del automóvil. Ahí crear otro y ver qué canciones han cambiado, cuáles se mantienen.
Recomendaciones a la hora de preparar tu compilado:
1. El soundtrack puede ser según qué temas estaban sonando en determinado momento de tu vida, valiéndose del recuerdo, qué discos compraste y de los ranking radiales.
2. El sountrack puede ser según qué escuchabas tú en determinado periodo, olvidando si el tema corresponde a ese periodo o no.
3. Puedes hacer –y este es mi favorito– un soundtrack con canciones que nunca habías escuchado en ese momento pero que después descubriste y crees que se amoldan a determinada etapa. Con la más sublime prestidigitación del director / editor de cine.
4. hacer un sountrack con las mejores canciones que hayas escuchado, aquellas que te impiden imaginar la existencia sin ellas.
Lo ideal sería crear un solo CD, pero claro puede ser un volumen 1, 2, 3 o cuantos quieras, o cuantos debas.
Puedes convertir tu vida en un film. Darle algún toque que te haga sentir cómodo: desde lo popular guachaca hasta lo kitsh. Desde lo más clásico hasta lo electrónico. O pasar por distintos paisajes.
A mi me ha servido demasiado. Para dividir mi vida en tracks, para darle algún orden a todo este caos.

2 comentarios:

Baradit dijo...

tener un soundtrack es todo un mérito. A veces la vida se me reduce a una frase susurrada tras el punteo de guitarra de la Tin Machine, como esas frases que los personajes de Lynch le susurran a otro al oído que parecen contener la solución para todo el misterio...pero que nadie más escucha.
En fin, salúdame al mar...lo echo de menos, esta playa resultó demasiado larga y con cueva escucho el oleaje (o son las micros?).

Espero con ansias el comentario tuyo sobre Ygdrasil.

Gabriel dijo...

ehm, sí,
>Es interesante esto de la vanguardia
>metafísica. ¿Es la existencia humana
>sólo una idea (subjetiva)?


sí, la respuesta es sí

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