16 de febrero de 2016

Manual para robar en el supermercado - Book trailer



Book trailer de la novela 'Manual para robar en el supermercado' de Daniel Hidalgo, editada por Hueders, 2016.
Realización: Daniel Hidalgo y Cristian Ortega Puppo
Cámara: Mauricio Aravena Zelada
Actuación: Marcela Lovelace
Música: 'Jardinería del Mar' de Paracaidistas

Consigue tu 'Manual para robar en el supermercado' en Tienda Hueders.

Sinopsis:
Manuel tiene 18 años, vive en Playa Ancha, dibuja sus propios cómics y es fanático de la banda de rock Weezer. Cuando entra en la universidad, durante una protesta estudiantil, conoce a Lucy, una chica que vive en una casa okupa en un cerro de Valparaíso y suele robar en el supermercado como forma de placer y disidencia. Además del primer primer amor, con ella explorará el vértigo de ser libre, la amenaza del fracaso y la obligación de crecer aunque no haya mucha esperanza. Con una singular mezcla de sensibilidad y humor, de vértigo y reflexión, Daniel Hidalgo despliega una novela que es a la vez una educación sentimental y el retrato de una generación sin referentes, que intenta no sucumbir a la imposición de éxito y formar su propia cultura desde los despojos. Es, también, un mapa de Valparaíso como escenario de la tragedia y lo picaresco. La ternura se mezcla con el pánico, las carcajadas con los golpes, mientras de fondo suenan los ecos de una civilización de bombas atómicas y familias quebradas. Pero también se escucha la música que enciende y alienta, que promete el encuentro con lo que se ama y la posibilidad de ser quien se es.



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1 de febrero de 2016

Manual para robar en el supermercado

Dejé de escribir por acá por tiempo, por ganas y porque desapareció el feedback que sí era mucho hace unos años. ¿Para qué escribir si no se lee? Qué dilema. En fin, salió mi novela Manual para robar en el supermercado, por Hueders, está en las librerías y supongo qué iré colgando cosas en este blog, más que nada como archivo personal.



Manuel tiene 18 años, vive en Playa Ancha, dibuja sus propios cómics y es fanático de la banda de rock Weezer. Cuando entra a la universidad, durante una protesta estudiantil, conoce a Lucy, una chica que vive en una casa okupa en un cerro de Valparaíso y suele robar en el supermercado como forma de placer y disidencia. Además del primer amor, con ella explorará el vértigo de ser libre, la amenaza del fracaso y la obligación de crecer y de creer aunque no haya mucha esperanza.}

Con una singular mezcla de sensibilidad y humor, de vértigo y reflexión, Daniel Hidalgo despliega una novela que es a la vez una educación sentimental y el retrato de una generación sin referentes, que intenta no sucumbir a la imposición de éxito y formar su propia cultura desde los despojos. Es, también, un mapa de Valparaíso como escenario de la tragedia y lo picaresco. La ternura se mezcla con el pánico, las carcajadas con los golpes, mientras de fondo suenan los ecos de una civilización de bombas atómicas y familias quebradas. Pero también se escucha la música que enciende y alienta, que promete el encuentro con lo que se ama y la posibilidad de ser quien se es.

Más info: por acá.

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30 de agosto de 2015

Taller de escritura en Balmaceda Arte Joven


Toda la info, por acá


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23 de diciembre de 2014

Mis 10 discos del 2014

Dista de ser una lista de fin de año, porque más bien son los discos que más escuché de los que salieron este 2014, lo que los hace de algún modo retorcido, lo mejor dentro de esta habitación.


10. Ultraviolence - Lana del Rey



09. Conducción - Ases Falsos


08. Metronomy - Love Letters



07. Ana Tijoux - Vengo



06. Retrato Iluminado - Manuel García



05. A Letter Home - Neil Young



04. St. Vincent - St. Vincent



03. Everyday Robots - Damon Albarn



02. Morning Phase - Beck


01. Everything will be allright in the end - Weezer



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21 de julio de 2014

We Rock, en librerías

Aparece por estos días este libro de Ediciones B, con motivo de los 25 años de Radio Futuro. Encontrarán por ahí relatos de un servidor y de Álvaro Bisama, Natalia Berbelagua, Patricio Urzúa, Francisco Ortega, Rodrigo Ramos Bañados, Cristhian Castillo y Antonio Díaz-Oliva.

Más info, por acá.




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7 de mayo de 2014

Slavoj (Zizek)

Fui a una fiesta Zizek. En los tiempos del MySpace añoraba estar ahí. En fin, el tiempo es algo relativo. Estoy en Zizek. Mucha gente. Veinte minutos para comprar la primera cerveza. Quilmes Stout, está dentro de las más baratas y siento que pagué cuatro o cinco veces eso con la entrada. Zizek son fiestas que hacen en el club Niceto, en Palermo, y es como si en el Máscara de Valparaíso o en la Blondie de Santiago hubiera algo de riesgo y se pusieran a poner cumbias digitales, mash up cumbieros y no sé, cualquier cosa que desintegre la cumbia –que la sodomice, que la vuelva cualquier cosa menos algo predecible– aunque sea una vez al mes. Vine porque revisé hace un rato que tocaban los peruanos Dengue, Dengue, Dengue, algo así como Daft Punk de la era pre Disney en clave cumbiera, pero me entero ya en el lugar de que está mezclando Villa Damiante y que en un rato más sale El Remolón. Estos, de hecho, me vuelan la cabeza. Y digo estos porque es su reversión como El Remolón y su Conjunto. Son divertidísimos. Pura fiesta y parodia. En esta pasada El Remolón no es solamente Andrés Schteingart, que a ratos parece una cruza entre Prince y Pablo Lescano, sino que es una banda –claro, el nombre lo indica–, pero son increíbles: teclados, percusiones electrónicas, mac’s, keytars, es una fiesta re loca. El lugar está llenísimo pero me abro paso, con los brazos en alto, hasta llegar al escenario. El Remolón que ya es bastante bueno en sus discos, logra crecer unas cien mil veces en vivo. Al rato, termina y eufórico voy por mi segunda Quilmes. Converso con algunos muchachos tipo veinte años y les pregunto por las fiestas Zizek, y nada, me dicen todo lo que ya sabía. Sale Dengue, Dengue, Dengue: al fin en Buenos Aires, declaran, o algo parecido y comienzan a desarticular todo: cumbia chicha, sonidero, reggaetón, ragga, canciones de El Rey León, todo se desestructura y termina siendo pulsos sincopados que no afectan en nada el baile. Es más, llaman a reinventarlo. Los dos mezcladores más una chica encargada de las visuales en vivo. Todo es alocado, todo es relectura, es demasiado tarde para mí y me voy algo triste por irme cuando el show aún no acaba pero, aunque ha pasado tiempo, he estado en esta fiesta y todo parece lindo y reflexivo.



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4 de mayo de 2014

Oesterheld

Ideas revueltas:

1. Llego a Buenos Aires con mis oídos tapados, me duelen. Parece que será una constante al aterrizar tras estos viajes.

2. La ciudad está alborotada, paralizada, cortada, por el concierto de una tal Violetta. El taxista habla de ella como si la admirara también. Da un concierto no sé dónde y ha desatado una catástrofe de tránsito.

3. A los churros, les dicen churreros, al menos este vendedor les dice así: lleve su churrero, su churrero. Lo que es bastante más gráfico.

4. Todos conocen a alguien en Buenos Aires, tienen amigos, contactos. No conozco a nadie.

5. Los argentinos hablan más de lo que en realidad quieren hablarte.

6. Estoy en Palermo Soho, acá me quedo. Y está bien, hay buenas fiestas, bares, restaurantes, pero extraño el centro, su agitación, sus kioskitos y picadas de pizza y empanadas. Iré sin duda, estos días.

7. La FILBA es gigantesca, un monstruo enorme que devora un mar de gente. Sigue teniendo esa dinámica tipo mall o expo, o no sé. Pero está bien. Hay buenos títulos y eso, en realidad, es lo que importa.

8. Me encuentro con Violetta en la calle, voy caminando en dirección a una feria de libros usados, cuando aparecen un montón de chicas gritando, persiguiendo a esta mina. Unas chicas rodan por el suelo.

9. Los medios hablan de una Naira. Una menor de Junín que fue asesinada a golpes y patadas, a la salida del colegio. Por supuesto no hay pudor alguno: sus fotos están todo el día ahí, su historia, su pena. Ahora, están diseccionando un cerebro de plástico en la tele, para emular la autopsia a la chica. Por supuesto, están apelando a la tragedia nacional para instalar una idea: Buenos Aires se ha vuelto más violento y peligroso.

10. Pilar Sordo.

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5 de marzo de 2014

Taller de cuento / abril - junio 2014




Duración: 3 meses (12 sesiones, abril a Junio de 2014)
Lugar: Santiago Centro
Horario: día por definir, 19:30 a 21:30 hrs.
Cupos: 12
Requisitos: Se seleccionará a los participantes a partir de un cuento de su autoría (mínimo una plana, máximo cinco), letra Arial 12, interlineado simple, enviado con anterioridad al correo tallercuentos2014@gmail.com
Monitor: Daniel Hidalgo

Metodología:
Sesión a sesión, se reflexionará sobre la idea de escribir cuentos, se darán conceptos teóricos y estructurales, experimentaremos con los límites de la producción, asimismo estudiaremos las formas clásicas y nuevas tendencias escriturales del género, la conformación de personajes, desarrollo de temáticas y conformación del estilo narrativo. Se ejercitará y analizará la producción y lectura de diversas obras, y se debatirá sobre diversos modelos de producción, edición y publicación.

Ficha biográfica del monitor:
Daniel Hidalgo es Profesor de Castellano y Licenciado en Educación de la Universidad de Playa Ancha, Valparaíso, Egresado del Magíster en Literatura de la Universidad de Chile, cuenta con dos libros publicados: Barrio Miseria 221 (Editorial Animita Cartonera, 2007) y Canciones Punk para Señoritas Autodestructivas (Das Kapital Ediciones, 2011) , ha participado en diversas antologías de cuentos y es activo colaborador en medios, el 2012 formó parte de la delegación de escritores chilenos que participó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México, y ha sido parte de mesas en la Feria Internacional del Libro de Santiago, en la Feria del Libro de Viña del Mar, en la Primavera del Libro y en la Furia del Libro. Obtuvo el Premio a la Creación Literaria Joven Roberto Bolaño (2007) y su libro de cuentos, Canciones Punk para Señoritas Autodestructivas, fue distinguido con el Premio Mejores Obras Literarias en 2012, por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Información de cupos, postulaciones, programa, valor y detalles, al correo: tallercuentos2014@gmail.com (se responderán todas las dudas)




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19 de febrero de 2014

Superventas

Rescato esta columna de 2010, que apareció en Revista Grifo.



La anécdota tiene como espacio la casa de mi abuela en el cerro Playa Ancha. Casa que más tarde se transformaría en “nuestra casa” y, finalmente, en la casa que abandoné para lanzarme a vivir la vida o lo más parecido a aquello. Casa que en esa infancia exquisita resaltaba por un objeto particular que me hacía pensar en que ese sitio no conformaba un hogar sino un espacio secreto digno de profanar para terminar con la inocencia de niño. El objeto era un librero cargado de libros. Una biblioteca personal en la que compartían esos libros gigantes con miniaturas de elefantes de loza con billetes reales enrollados a sus trompas y ekekos con cigarrillos consumiéndose en sus bocas ficticias.

Mi abuela solía cazar libros al menos una vez a la semana. Iba a las librerías de viejo a hacer trueques y comprar nuevas adquisiciones. Al llegar a la casa, se jactaba de haber conseguido un best seller: “mira, es best seller” decía, mostrándolo, orgullosa. A veces, esos libros, así lo anunciaban en sus portadas, como si se tratara de una raza extraña de papel, sobrevivientes de una guerra mercantil y merecedores de medallas de victoria. De este modo, se pasearon por ese antiguo estante los numerosos títulos de Agatha Christie. O esa máquina de hacer novelas y seudónimos que es Victoria Holt (sólo una de las múltiples identidades de Eleanor Alice Burford). O el maestro de las conspiraciones científico-políticas Ken Follett. Pero no sólo eso sino que también era posible encontrar a Truman Capote, o a Joseph Conrad, compartiendo lugar con los clásicos universales, los contemporáneos, los latinoamericanos, las fundacionales chilenas. La Odisea. El Quijote. Drácula. Cien Años de Soledad. La Muerte de Artemio Cruz. Don Guillermo. Casa Grande. Un canon anómalo guiado por el instinto de encontrarse con las preferencias de la gran masa lectora, el mercado y la oferta. Es por esta razón que pienso que, previo a hablar de aquella raza literaria que nos enseñan a odiar tanto la academia como los circuitos cultos de lectura, debemos dilucidar una gran interrogante ¿Qué es un best seller?

Partamos diciendo que para que exista un best seller o un superventas es necesario que pensemos en una dinámica centrada en el mercado, en los libros como objetos de consumo, en bienes materiales accesibles a través de la transacción monetaria. Pensemos de igual forma en aquello denominado la industria del libro, en casas editoriales multinacionales, en librerías, en ferias del libro, en editores, diseñadores, publicistas, encargados de prensa. Pensemos en el libro y no en la literatura. En todo aquello que Karl Marx patentó como fobia tanto en Manifest der Kommunistischen Partei como en Das Kapital. Pensemos en que Das Kapital es también un best seller. Concluyamos en que se trata no solo de aquellos libros más vendidos según los rankings semanales, mensuales y anuales, impulsados por fuertes campañas de difusión, publicidad y distribución, sino que de aquellos emblemas que se encuentran en la mayoría de los hogares de nuestro país, quizá por el fácil acceso que se tiene a ellos, quizá porque el canon académico y el de las lecturas obligatorias en los colegios y liceos, no dejan otra alternativa.

Sabemos que siempre hay alternativas.

Quienes hemos ejercido la pedagogía en el área de Lenguaje y Comunicación, sabemos el peso de las llamadas “lecturas obligatorias”. Un canon articulado por una institucionalidad definida, inflexible, y confabulada con la industria editorial. Una lista de autores y obras que se manifiestan en los planes y programas del área de Lengua Castellana y Comunicación para cada curso. ¿Con qué nombres nos topamos allí? Isabel Allende, Hernán Rivera Letelier, Carlos Cuauhtemoc Sánchez, Richard Bach, Antonio Skármeta, Luís Sepúlveda, José Luís Rosasco, Enrique Lafourcade, toda una gama de autores juveniles superventas como Jordi Sierra i Fabra o David Sedaris y, por suerte, otros nombres más imprescindibles como Cervantes, Shakespeare, Manuel Rojas, Unamuno, Vargas Llosa, García Márquez, Neruda, Mistral o Kafka. Insisto, nuevamente en la condición de imprescindibles de éstos últimos, y por ende, inevitables en la conformación de lecturas para cualquier ciudadano chileno.

La disposición de este canon se articula bajo los mismos criterios que una casa editorial tiene para lanzar publicaciones de autoayuda: cada libro debe ser leído porque significa una enseñanza para la vida, porque tras su lectura seremos mejores personas y, cosa aparte, iremos mejorando nuestro vocabulario, al mismo tiempo en que nos entretenemos. Un mero artefacto práctico y funcional, acá no hay placer estético, ni reflexiones, ni análisis de códigos culturales, ni crítica, ni nada no productivo.

Sin embargo, es pertinente resaltar el valor que estos libros tienen como objetos capaces de aproximar el libro al “lector promedio”, “lector esporádico”, “lector iniciático” o “lector temeroso”. Porque son libros que están, libros que circulan, y, más aún, libros que son pensados en un lector, para un lector, sin prejuzgarlo ni idealizarlo.

Por esta razón, la idea del lector como ente central, es que en realidad nos encontramos con dos clases de best sellers: aquellos que son los más consumidos porque la tradición cultural así lo ha querido y aquellos que lo son porque responden a un modelo que rara vez falla como producto consumible. En ambos casos hablamos de literatura, dejemos atrás las categorías y discriminaciones infundamentadas.

Retomando la idea de Marx en lo pertinente a la cultura, el panorama capitalista en su afán de privatizar y transformar todo en un objeto de mercado, ha sido también capaz de articular desde esta intención los productos culturales. Es una obviedad, lo sé. Es por esta razón que con los libros y particularmente los best sellers, sucede algo similar a las parrillas de música en las radios, en donde conviven productos como Britney Spears, Jonas Brothers o RBD –construcciones industrializadas pensadas desde el consumo, para el consumo– con artistas de la talla de Bob Dylan, Led Zepellin, The Beatles o The Clash y, por qué no, con Violeta Parra o Mercedes Sosa. A pesar de su intención artística inicial, todos son partes de la dinámica de la mercadotecnia.

Por esta razón es, entonces, que podemos encontrarnos en el último tiempo, con libros elaborados con la idea de llegar a la masa y de batallar directamente en las listas de los más vendidos de la semana. Tienen un método, un modelo que rara vez fracasa, tal como la canción pop. Enumeremos: la categorización específica en un género determinado, ya sea thriller, policial, fantasía; una técnica narrativa que privilegie la sucesión de eventos (diálogos y descripciones breves, cercanas a la cinematografía); informaciones técnicas sobre el tema al cual refiere (ciencia, secretos de estado, historia del arte); larga extensión, guiado por su valor comercial, y por la cantidad de tiempo que el lector dedicará al libro.

Negar que una canción pop es arte, así como el valor literario de un best seller es tonto. Tal como hemos visto en la historia socio-cultural, estos objetos nos dan una buena perspectiva de los tiempos en que fueron producidos. No es raro, entonces, que en la década que acaba de esfumarse, los títulos globales que más hayan vendido hayan sido aquellos relacionados con las conspiraciones del Poder, tomando en cuenta de que los Estados Unidos se encontraban bajo la presidencia de Bush y en mitad de una guerra. Así como tampoco debemos dejar pasar por alto la fuerte demanda que tienen los libros de autoayuda, en una sociedad deprimida, sin sentido, y en busca de una constante liberación externa.


Por supuesto que mi abuela compró el Código Da Vinci de Dan Brown, y por supuesto que los primeros libros que leí, después de los comics de Superman, cuando descubrí que quería leer el resto de la vida, fueron los de Isabel Allende y Hernán Rivera Letelier, pero por ellos llegué también a Gabriel García Márquez, y a Mario Vargas Llosa, hasta dar con Jorge Luis Borges y así descubrir que hay libros para todo y para todos. Insisto con la idea del superventas, son libros que piensan en el lector, en un lector que nace en la misma época con ellos, y que con suerte los abandonará para pasar a leer otras cosas, pero de eso depende una serie de cuestiones. O el azar.

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9 de febrero de 2014

Entrevista a Gepe en Paniko

Hay veces en las que extraño mucho a Taller Dejao. En fin, me junté con Daniel Riveros (AKA) Gepe y le hice este perfil para paniko.cl, se los dejo aquí.

Gepe: el hacedor


Una chinita se ha posado sobre la mesa de vidrio, dando aún mayor sensación tropical al clima que acompaña a Santiago esta tarde. Él no se ha dado cuenta porque está hablando por su smartphone o porque quizá no debía darse cuenta del detalle, como si esta historia hubiera sido escrita antes. A las chinitas se les llama de diversas formas en Latinoamérica, según el país, catarina en México, sanantonio en Uruguay, mariquita en Centro América e incluso con el distinguido nombre de vaquita de San Antonio en algunas localidades de Argentina, pero su nominación científica es coccinélido. A él también le llaman de una forma distinta: Daniel Riveros en su núcleo sociofamiliar, Gepe para el resto de Chile y Latinoamérica.
—Sí, he ido al Festival, por supuesto —reconoce—. Fui a ver a Miguel Bosé y a Aventura. Me gusta Aventura, los encuentro muy buenos, tienen esto como de Juan Luis Guerra pero al mismo tiempo son muy urbanos, también.
La excusa para que Gepe —el músico, el compositor, el hacedor— esté sentado al extremo de una mesa de un café ubicado en Antonia López de Bello es que ha sido invitado a ser parte del jurado internacional y a presentarse sobre el escenario del próximo Festival de Viña del Mar, invitación que lo tiene emocionado y ansioso, la idea es hablar un poco de eso y un poco de lo otro. Pero decidimos comenzar por cómo será su paso por la Quinta Vergara:
—Ya está todo listo. Está definido lo que vamos a hacer, en cuanto a lo musical y al show. Aunque quizá agreguemos algo… puede ser.
Gepe2
Gepe no siempre fue Gepe, claramente. Y es que esta invitación al espectáculo más popular de la industria musical chilena y de la televisión (en el que será parte de la noche chilena junto a los paleolíticos La Ley), y sin duda también uno de los más chabacanos y demenciales, de cierta forma evidencia un hecho: que Gepe se popularizó, que creció, que rompió las barreras del nicho, que suena en las radios y las adolescentes revisan sus fotos en Facebook, en su Instagram y lo siguen en Twitter. Pero lo decíamos, no siempre fue así.
Cuando Daniel Riveros se pregunta de dónde viene su genealogía musical, todo pareciera apuntar a su abuela, una cantante de ópera y pianista bautizada con el cacofónico nombre de Celia Celis, y aunque se reconoce con cierto orgullo desde la vereda del autodidacta, la precocidad de su incursión musical pareciera explicarnos mucho más: recuerda un regalo de navidad: una batería, cuando muy niño, apenas cumpliendo cinco años, en ella dio sus primeros golpes, motivado por la música que escuchaba su padre y principalmente por Santana. Recuerda, con posterioridad, un momento: él, en el colegio en su San Miguel de la infancia, quizá distinta al San Miguel de la juventud de Jorge González:
—Él nunca ha ido diciendo «yo soy de San Miguel».
En ese colegio, Gepe hace su primer concierto, a los seis años, frente a todo el establecimiento y con el pretexto del día de la madre, Gepe —que aún no es Gepe— toca sobre una canción de Shakin’ Stevens la batería en vivo y, a pesar de ser muy joven para entenderlo, traza un mapa que no volverá a abandonar.
Le siguen la guitarra, el teclado, el canto.
—Siempre autodidacta, normalmente cuando intentaba estudiar, terminaba dejándolo inconcluso.
Le siguen también las canciones de otros y las propias. Las primeras bandas. Gepe llama la atención como baterista, así fue con Taller Dejao, dúo que formó el 2001, junto a Javier Cruz, una rareza sonora y experimental que los hacía pasearse por un límite difuso entre la cueca y el punk, entre el folklore y el delirio, entre un campo imaginario y una ciudad que se caía a pedazos. Asimismo cuando fue parte de la banda de Javiera Mena y cuando lanzó su carrera solitaria.
Con un EP temprano titulado 5×5 (2004), Gepe aparecía en la escena junto a una camada de cantautores —Chinoy, Leo Quinteros, Manuel García—, marcado por lo íntimo y simple de su sonido. Canciones de factura artesanal, con guitarra acústica, que se parecían mucho al material con que se construyen algunos momentos hermosos. Gepe y su guitarra. Gepe y su voz. Tonadas perdidas en un domingo por la tarde, entre el susurro de Víctor Jara y el fraseo final, ese que levanta levemente el tono, de una Violeta Parra.
Pero sí, Gepe se convirtió en Gepe y vinieron los discos, los LP, las canciones que cantarán los demás.Gepinto el 2005, Hungría el 2007, Audiovisión el 2010 y el salto calculado a la masividad: GP, del 2012. Las intenciones tras cada obra, como tras cada acto en la vida, son distintas, pero Gepe sigue siendo Gepe y sus canciones siguen siendo una cruza bastarda entre el pop y el folklore, en sus discos, ahora aderezados por citas a otras cosas, siguen siendo canciones en la mejor acepción.
–Normalmente, primero hago la letra. No tengo un método, pero últimamente he hecho la letra y así voy haciendo, después, la melodía.
Sin tomar mucho en consideración los estados de ánimo —Gepe no tiene uno predilecto para componer—, sí reconoce que sus canciones nacen de sus experiencias, de momentos, de frases con las que se encuentra. Así trabaja desde su hogar más reciente, en Providencia, acomodando la melodía que arma desde su computador, como si escribiera una partitura digital para una orquesta mínima, entre las letras armadas previamente. Canciones. Canciones de Gepe. Su teoría —lo ha dicho reiteradas veces durante esta tarde, así como en entrevistas previas— es que las canciones son como casas, casas que se arman, que se arreglan, que se adornan y se remodelan. No es raro pensar en eso, cuando Gepe se reconoce un lector de José Donoso, especialmente de El Obsceno Pájaro de la Noche.
–Es cierto, los libros de Donoso tienen mucho que ver con la casa. Es su tema.
Otra certeza: en esa casa habita una familia o, al menos, una comunidad. Una comunidad que se alimenta de canciones: Gepe encontró en Cristián Heyne, la producción prestidigitadora que le acompaña hasta hoy en sus discos; en Manuela Baldovino (en lugar de Felicia Morales) y Christiane Drapela, su artillería en vivo; y se le ve constantemente colaborando con Pedropiedra, Javiera Mena o siendo parte del grupo Caravana, donde compartió créditos junto a Rodrigo Santis; pero además está Álex Anwandter, con quién saco un disco el año pasado bajo el nombre de dupla Álex y Daniel, proyecto que nació de una llamada telefónica que Gepe hizo a su par con el fin de «hacer algo juntos».
–Siempre quiero trabajar con alguien, pero es muy complicado por el tiempo, ponerse de acuerdo. Me gustaría trabajar con mucha gente, con Javiera Mena haría un disco también si pudiera.

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