7 de agosto de 2006

KABUKI

Estoy sentado en una habitación.
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No es mi habitación en particular pero en esta ocasión y en este difuso límite de realidad sí la siento como si fuera mi habitación. En realidad nunca he tenido una habitación, o mejor: sólo tengo una habitación que es mi cuerpo, el bunker doliente de mi alma cansada.
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El café se enfría sobre el brazo del sillón en el que reposo.
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Oh amada, con tus labios de seda húmeda y tu rostro de maniquí insufrible. Oh amada, con tu aroma disperso y magnético que seguí desde polo opuesto para poder olfatear nuevamente. Oh amada, y tu particular forma de amar…
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¿Recuerdas cuando nos prometimos amor sobrenatural? Ese amor que desgarra y que trasciende como el vapor de la ducha. Que se expande y convulsiona hacia lo infinito.
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Bebo café. Nunca te gustó que tomara café.
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Por la ventana ya empieza a asomarse impertinente un tímido pedazo de luz, iluminando tus dedos sobre la cama, cegando a los animales de la noche. La luz avanza como si poseyera vida, como si poseyera alma. El alma es luz pura… Luz sin un cuerpo que la aprisione.
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El amor, sin embargo, es solitario y duele como la vida escapándose por un agujero. Te digo esto, amada, y tomo tu mano luminosa y la beso y está fría. Y no te muevo, te observo.
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El amor y la honra alguna vez se amaron, como tú y yo, pero luego se distanciaron y se declararon la guerra. En algún momento uno mata al otro. No sé quién a quién. Pero corre sangre.
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Y lo miro a él.
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Enlazado a tus piernas. Enlazado a tus sábanas. Viendo como su sangre y tu sangre se hacen un solo río que fluye por el costado de la cama, amalgamándose en las baldosas blancas del suelo, como un mar único de amor impuro. Purificado por la vengaza hermosa.
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Veo mi espada, sangrienta, pulcra, como el único objeto capaz de separarte de él y unirte a mí, en alma, en luz. La espada como único dios capaz de redimirte, y como única piedra que tendré que cargar en la eternidad. Tu salvación: mi castigo.
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Tomo la última polaroid mental y me acerco a tu lado… a vuestro lado… y tomo tu mano, tu mano que no reposa sobre la mano de él y tomo mi espada y pido perdón… esta noche habrá tres muertes… pero sólo dos almas se salvarán y el honor retomará su posición… y el amor quedará sepultado para siempre.
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Oh… amada…

3 comentarios:

Mademoiselle_Sophie dijo...

Hola... por esas cosas de la vida termine leyendo este texto... me recordó a Oscar Wilde... un poema que dice así:

“Y que no haya nadie que lo ignore:
Todos los hombres matan lo que aman;
con mirada de odio matan unos,
otros con frases engañosas matan,
el cobarde lo hace con un beso,
el bravo con la espada.”

Bueno, me gustó mucho, espero que te pases por mi blog y opines sobre mis textos (Eso si que son medios extensos... un problemilla para consideración de algunos, que no he podido remediar). Saludos.
Matta ne.

Mademoiselle Sophie

Mademoiselle_Sophie dijo...

Hola de nuevo... una pregunta ¿donde leiste mis textos?... sabes... no se por qué me pareces conocido... me suena tu nombre... bueno. Ojalá me aclares. Saludos.
Matta ne.

Mademoiselle Sophie

Anónimo dijo...

Hola po Daniel..ojala que este comentario quede registrado porque siempre dices que yo no pesco tu blog. lo cual no es cierto. Escribiendo tan bien como siempre, eso no tiene mayor comentario.
Espero verte más seguido en la U y ojala que todo salga bien en esta práctica.
Saludos, tqm.Tu amiga Consuelo

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