10 de octubre de 2008

Gary (fragmento 1)

Son las 13:55 PM. Camino por los pasillos de la cuncuna sicodélica que resulta ser el liceo. Una montaña rusa del estero de Viña. O “Legoland”, como le llamo de manera afectuosa, aunque esto me hace pensar en “Neverland”, y no necesariamente en James Matthew Barrie, ni revisitado por el escritor argentino Rodrigo Fresán, ni interpretado por el gringo Johnny Depp, que son las formas más entretenidas de aproximarse al autor de Peter Pan: sino más bien la “Neverland” en donde vive Michael Jackson, algo así como la Villa Baviera norteamericana y pop.

Camino por esos pasillos con ese paso pedagógico que es a medio tiempo y lentito y pausado, saludando alumnos por acá y por allá, la forma más digna de sacar la vuelta después de bajar guías de Internet, entregárselas a los chiquillos y pedir que las respondan en clases. Lo máximo es después poner las notas sin revisarlas. Una vez que los conoces ya basta con sólo mirar su nombre en la hoja para calcular con ese ojo docente la nota que el crío alcanzará.

Ya son las 14:05 y entro a la sala a la que debí llegar a las 13:45. Tomo asiento. Un alumno morenito murmulla “¡Aahhhh! ¿Y para qué vino este viejo culeado?”. No murmulla: el pendejo grita para que lo escuche y me haga el huevón. Tomo asiento y comienzo ese ritual que es pasar lista. Uno a uno. Apellido tras apellido para los hombres, nombre tras nombre para las señoritas. Uno a uno paso la lista para no romper las tradiciones institucionales, porque nadie contesta a la famosa lista, a lo más tres de los cuarenta y cinco alumnos que tengo en la sala. Sigo mirando esa suma de nombres que son mi sueldo y mi alegría y pronunciándolos en voz alta: las yanets, las yuliannas, las yesicas, las dayaniras, los kevins, los jonathans, los byrons –y me acuerdo de ese gran poeta del romanticismo inglés que tenía un abuelo milico al que llamaba Foulweather–, los machucas, los perez, los hidalgos, los morenos, los arredondos. Nadie responde y han desatado una guerra de pelotas de papel, saltan sobre las mesas, dan vueltas las sillas y yo suplico internamente que no pase el inspector general y vea la batalla colosal y me diga que luego tiene que conversar nuevamente conmigo en su oficina.

-Chiquillos, por favor tomen asiento. Pónganse la capa. Vamos a empezar la clase. Ya pues chiquillos, tenemos que empezar la nueva unidad que es super entretenida y les va a gustar mucho: literatura medieval. Ya pues, les estoy diciendo, apaguen los celulares. Por favor muchachos. ¡Ya, mierda! ¡Prueba sorpresa! ¡Qué se han creído! ¿Que estoy para el leseo de ustedes, ah? Ustedes lo quisieron: ¡Perez anotado, Ramos salga de la sala, Anita bájese de las piernas de su compañero!

Silencio al fin. A duras penas sacan sus cuadernos y empiezo a dictar las preguntas de la prueba espontánea. Como la idea es perjudicarlos, castigarlos a lo Foucault, les pregunto lo más difícil que se me pueda ocurrir: Cuál es la diferencia entre los géneros lírico, dramático y narrativo. Sonaron. Empiezan a reclamar que nunca pasé esa materia, siendo que es la única que he pasado desde que empezó el año escolar.

Mientras disfruto de algo cercano al silencio porque en realidad se copian a viva voz –“¿qué es género narrativo, Pitufo? Es cuando escriben poemas en las sábanas o manteles, Machucado”- saco de mi maletín un libro. Una novela de ensayos sobre la literatura alemana de post guerra. ¡Qué alegría que aún tenga tiempo para leer! Pero un portazo interrumpe mi lectura. Entra a la sala un chiquillo con la quijada –como el verdadero apellido del Quijote, y no Quesada- hacia fuera, pelo castaño claro, aproximadamente de un metro setenta de estatura. Llega a mi lado y lo quedo mirando, se queda en silencio. “¿Quién es usted?” le pregunto. A lo que responde “Gary Nuñez, ¿que no me cacha?”. “No”, le respondo. “¿Es alumno de este curso?” le pregunto. “Saaaa, está vivo que sí poh, profe” me dice. Va a tomar asiento. “Un momento” le digo. Finge no escucharme y pasa a sentarse. “Sí, eso. Tome asiento” le digo, para que el resto de los chiquillos no piensen que me falta autoridad. Compruebo en el libro la existencia de Gary Nicanor Nuñez Nuñez, veo que de cinco pruebas que he tomado no me ha dado ninguna. Lógico si no lo he visto nunca en clases.

Pasa un rato. Se me acerca Gary. No dejo de leer la página veintiséis y le pregunto que qué quiere. “Necesito arreglar lo de mis notas”, me dice. "Señor Nuñez, la verdad es que no sé qué hacer con usted. Me debe todas las notas. Yo voy a hablar de esto con las personas que corresponda, porque la verdad no puedo tomarte cinco pruebas” le digo. “Pero profe, mándeme un trabajito y me rellena con cuatros no más, los otros profes lo han hecho así” me dice muy campante. “No puedo, señor, ¡Cómo voy a hacer eso!” “Puta, entonces eres un viejo culeado” Me dice y se va a sentar nuevamente. Sigo leyendo. En realidad en ningún momento me alejé de la hoja veintiséis del libro, siempre que tengo miedo me escudo en los libros.

¿continuará? depende de las impresiones en los posts

9 comentarios:

Rodrigo Dahmen dijo...

Bueno compadre, como bien se y por buena experiencia lo digo, te entiendo. Sin embargo jamas he llegado al punto de la falta de respeto que tuvo tu alumno, sin embargo se que si queremos podemos mandarlo a volar hacia las afueras pero nuesta conciencia y etica hace sorpotar cosas que uno nunca imagino. No obstante me rei mucho con lo del Inspector vigilante y de las sopladas perdidas y mentirosas.

Como siempre, cautivante e interesante.

Un Abrazo y suerte en la lucha por tu frente que aca tambien estamos aguantando con fuerza e idealismo.

Rodrigo.
P.D.: No dejes de escribir ya que esto agrada y envicia.

Daniel Hidalgo dijo...

Rodrigo:

Es un cuento, bueno un proyecto de cuento.

Por más similitudes que tenga con la realidad, aunque yo no las encuentro.

Saludos y abrazo!

Dan.

yops dijo...

¡EL INSULTADOR INDOMABLE!

Anónimo dijo...

Dale, soy medio sádico y quiero ver como sufre este maestro.

Está bueno, como siempre.

Saludos
Daniel Cardona

Anónimo dijo...

Sisisisisiiii... que si-ga, que si-ga!!!

Y claro, todo es ficción...................

Claudio Alvarez Rodriguez dijo...

una vez que lo escribes es ficción.
todd Solondsz

deLiciOus dijo...

mmm q decir, me suena familiar... no se si porq lo he vivido o lo he escuchado tantas veces... y q siga all the rato, please... mira q viene la mejor parte jajajaja
Jimonster

CHINGAFLON dijo...

siguel dale pa lante

ta de pichicaluga

carlos dijo...

me sumo ... que siga .... quiero llegar luego a la parte en que el profe saca el ak-47 de su maletin y en vez de fumarlo, dispara con este a a todos sus alumnos y luego al inspector general.

bkn dany

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