14 de noviembre de 2008

Cumpleaños

No. No es mi cumpleaños, tampoco el de Aira. Es sólo un borrador de algo que estoy redactando con esa rica sensación de que estoy perdiendo el poco tiempo que la máquina me deja. Pero bueno, no lo puedo evitar.

A partir de hoy tengo veinticinco años. Hoy es jueves y tendré una once en mi celebración, un asunto íntimo y de exclusividad emotiva absoluta. El sábado será mi celebración alcohólica, por primera vez en casa, podré lucirme con mis últimos descubrimientos musicales, los youtubazos del momento, bailaremos y cantaremos borrachos, y compartiré con mis grandes amigos de toda la vida que extrañamente conozco de forma reciente, de algunos no sé sus segundos nombres, de hecho. Será entretenido.

Pero hoy es mi cumpleaños.

Debo acostumbrarme a que ya no soy el niño que las fotografías terminaron grabando eternamente en mi memoria e imagen inmediata tras la mínima percepción del lexema Daniel. Debo asumir que no es que las fotografías sean malas, sino que definitivamente el modelo se averió en algún momento y está hecho bolsa. Detesto mirarlas, en ellas mi rostro es grande, redondo y lleno de la más variada estirpe de grietas cutáneas: espinillas, puntos negros, pequeños hoyos, fisuras amarillas. Tengo los dientes amarillos y a algunos les faltan pequeños trozos por diversos motivos, accidentes al abrir cervezas sin utilizar el destapador en su mayoría. Mi barba y bigotes se han llenado de canas y pelos claros. Luego vienen las ojeras, esos globos desinflados que cuelgan de mis ojos y que me harían parecer un potencial terrorista en los Estados Unidos.

Sigo viviendo con mis padres. En realidad sigo viviendo en la casa de mi abuela, en donde viven mis padres, una tía, mis hermanos, dos perros y tres gatos.

No sé por qué a los diez años planifiqué mi vida en su totalidad: a los diecisiete tendría mi propio programa de televisión al cual crearía, conduciría, compondría la música y haría las notas, entre otras cosas; a los diecinueve le pediría la mano a la mujer de mi vida, obviamente ella me daría el anhelado sí de las teleseries; para los veintiséis ya tendría mi casa, mi automóvil, a mi esposa esperando a mis gemelos, un labrador, y estaría siendo rodada mi primera película como director, guionista y actor principal, luego de haberme aburrido de la televisión. De todo lo que no conseguí en esa idea de la vida propia de la niñez, seguir viviendo con mis padres es la que más me frustra, básicamente porque evidencia el miedo que tengo a salir de aquí y tener que rendir la vida entera en facturas firmadas por mi propia mano. Me atemoriza firmar. Siempre lo ha hecho. Mi firma es tonta e infantil y me avergüenza pero no logro dar con el coraje necesario a la hora de firmar un papel, temo a los compromisos y a las responsabilidades más que a los vecinos de la casa que se ubica en medio de la quebrada tras mi pieza.

Son las 00:00 horas de este día jueves que es mi cumpleaños y el notebook está encendido cubriendo mi estómago de calor con su corazón artificial y electrónico. Mi guata. Estoy tan gordo. Son veinticinco años. Otra de las ideas a las que debería acostumbrarme es a que ya no fui como los Red Hot Chili Peppers y jamás las mujeres gritarán mientras fantasean con la gota de sudor que bordea el tribal estampado sobre mi musculatura perfecta. Alguien me habla por Messenger. La ventanita anaranjada que nos mantiene conectados al mundo exterior me lo indica.

Marcia dice:
Feliz cumpleaños!!!! Soy la primera!!!

Dan dice:

Graaaaacias. Sí, sí. Lo eres. Muchas gracias de verdad.

Marcia dice:

Estaba contando los minutos para que fueran las doce y saludarte.

Dan dice:

Eres muy linda, lo sabías?

Suena el celular. Es el ringtone que tenía exclusivamente para ella. Debe ser una de esas confusiones que siempre suceden. Contesto.

Es ella, Sofía. Quiere saludarme por mi cumpleaños. Suena como la recuerdo. Su voz es la misma, su forma de hablar. Pensé que había olvidado todo esto. Uno nunca olvida, sólo prefiere no recordar. Me habla como si no me hablara desde hace un par de minutos. No sé qué decirle y apenas respondo por reflejo, para que no deje de hablar.

Se despide.

Corta.

Adiós Sofía.

La primera y la segunda. Así funcionaron ellas, Marcia y Sofía, en el tiempo, al menos hoy, en los recuerdos ocupan posiciones muy distintas.

Es mi cumpleaños. La ventana del Messenger pide acción a mis dedos.

Marcia dice:

Espero poder darte un abrazo en persona. Lo merezco. Fui la primera.

Suena el celular otra vez. El mismo ringtone que pensé no escuchar más. Los veinticinco se parecen demasiado a los veinticuatro.

-¿Aló?

5 comentarios:

Antonio Díaz Oliva dijo...

Sí, tienes razòn: lo de Bolaño había salido antes. Pero estos gringos -tan propensos a comprar la fotografía más excentrica que encuentren de los escritores latinos- le siguen dando a que Bolaño era un casi personaje de Irvine Welsh.

Saludos y suerte con "Cumpleaños"

Daniel Hidalgo dijo...

Bueno, lo excéntrico vende y mitologiza.

Este "Cumpleaños" en realidad es un fragmento de algo que momentáneamente se llama "Profe".

Saludos!

deLiciOus dijo...

buenísimo all the rato!
esto atrapa y eso es bueno!

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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