26 de noviembre de 2008

Las Manos de Filippi en ciudadinvisible

LAS DOS MANOS...

danielhidalgo
en ciudadinvisible nº 23, septiembre de 2008.


Rock Fashion / Rock Facho


Es difícil formar una banda de rock y tener un discurso político radicalizado de izquierda, o anarko, o antisistémico, básicamente porque el rock es un arma adoptada por el capitalismo para idiotizar masas de estrato juvenil, y hacerlos partícipes cuanto antes del más nefasto de los consumismos. Porque desde el momento en que decides formar una banda, se entra en un juego macabro en donde las zapatillas Converse y las chaquetas Adidas, así como las guitarras Fender y los amplificadores Marshall, son más importantes que cualquier discursillo social. Puro marketing, incluso aunque “no ganes un mango”. Demás está decir, a su vez, que la postura política de este tipo de grupos termina, finalmente, transformándose en la idea fuerza de un producto rebelde pero que, a la larga, se comercializa entre nuestros furiosos jóvenes. Y funciona.

Recuerdo haber leído en la carátula de un disco de La Patogallina Saun Machín “no mates la música, mata la industria”, y mientras esperamos que el homicidio se concrete, no queda otra que meterse en el jueguito.

Grandes bandas han hecho uso de su postura para transformarse en íconos políticos de una generación, desde The Clash, hasta Rage Againsr the Machine, creando un límite algo difuso entre si el rock se transforma en una herramienta para difundir ideología o si la política se transforma en el medio para vender poleras con logos estampados.

Esta dicotomía idea-producto se observa en todo orden de cosas: incluso en la creación de revistas como ésta, la fundación de movimientos políticos, acciones de arte social; sin embargo, es mucho más evidente en el mundo del rock, justamente por la existencia de una Industria, considerando que el rock es el único arte masivo y realmente entretenido.

En Chile encontramos dos buenos ejemplos: Los Prisioneros y Los Miserables, de ahí a las bandas punks que han querido llevar el discurso a algo más allá del anarquismo cervecero de la postal londinense. El problema parece ser que, pese a la rabia acumulada, no ha aparecido ninguna agrupación capaz de hacerse cargo de nuestra actualidad y urgencia, preocupados más de fantasmas de panfleto que de enemigos más concertacionizados y contemporáneos.

La Argentinidad al Palo

Debo ser honesto. La primera vez que escuché a Las Manos de Filippi fue a raíz de la polémica que se había gestado por unas declaraciones de su vocalista, El Cabra, sobre un supuesto hurto de su tema “Sr. Cobranza” por parte de la Bersuit Vergarabat -al final no era tan así-. Bajé algunos temas desde Internet. Los encontré llamativos, divertidos, irónicos, adolescentes. De ahí en adelante la Argentina se me dibujó a partir de las canciones de Las Manos y de Bersuit, los programas de Pergolini y Pettinato, los libros de Fresán y Piglia. La Argentina de Menem cubierta por todos los flancos posibles. Mientras en Chile veíamos al Rafa Araneda, (re)escuchábamos a Joe Vasconcellos y empezábamos a leer a Hernán Rivera Letelier.

Morir en el Under o Hipotecarse Bien

El pasado 31 de julio, en el bar La Cantera, Las Manos realizó su tercera presentación en Valparaíso. Asistí con la curiosidad y morbo a flor de piel: hace un año Mosky Penner, el mítico guitarrista y dupla creativa de la banda, era despedido por El Cabra aludiendo diferencias políticas y artísticas, y aunque la posterior aparición de Control Obrero, su cuarto LP de estudio, aclaraba ciertas dudas, no era sino en vivo donde quedaría clara la nueva dirección de Las Manos. Y así fue.

Luego de Sonora de Llegar, jugando de local y la frustrante presentación de Locos por Larry en donde el espectáculo miserable se centró en un grupo de tarados que gritaban a Pogo (vocalista y ex Peores de Chile) “¡sidoso!”, y los infaltables “tócate una de de los Peores” y uno que otro anarko punk vomitando consignas de papel con sus respectivas peleas de por medio, el escenario quedó libre para la banda trasandina.

La banda es una formación pensada para en vivo y para sonar bien, compuesta por guitarras, bajo, batería, bases programadas, teclados, bronces y visuales de fondo. Fue un show correcto, dividido en dos partes: la primera para interpretar a full el disco Control Obrero, y la segunda para tocarse uno que otro “hitazo” como prometió Cabra ante las insistencias de un puñado de gente. Sin embargo, fue tibio, muy poco contacto con los asistentes. No hubo catarsis, ni gritos, aunque esto pudo ser provocado más bien por un público que fue más a hacer vida social o a persignarse en misa que a ver a una banda de rock. Abundaban dirigentes estudiantiles, artistas locales, gente de la cultura alternativa porteña, entre otros. Lo que finalmente terminó en que pocos corearan los temas, más preocupados de tomar fotografías; y que se bailara y celebrara mucho más la música embasada como Chico Trujillo, Todos Tus Muertos o 2 Minutos que a la propia presentación en vivo.

Las Manos de Filippi en la actualidad es otra banda, dejaron de lado el sonido precario que los caracterizaba, así como las salidas de madre de Mosky y más parece el proyecto en solitario de su vocalista. Hoy es un grupo mucho más cercano a las radios y a la MTV –el nuevo disco le lleva hasta un reggaetón (Cromañón) y dosis de reggae y pachanga argentina de mucha mejor factura (Música)-, en cuanto a su sonido, no así en sus letras que mantienen el ingenio y la mordacidad de sus inicios, idea muy efectiva a la hora de cautivar nueva audiencia, que es lo mejor que pueden hacer, porque si siguen con el público que, al menos en Chile, los ha seguido, están perdidos.

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