3 de mayo de 2009

Fragmento de "Historia Privada de Playa Ancha"



Éste se parece demasiado al día de mi muerte. O por lo menos a cómo intuía que sería el día de mi muerte. Estoy de rodillas, en posición canina, con los codos apretados contra el suelo formando un triángulo equilátero sobre mi cabeza. Mi rostro está contra el piso y mi corazón está a punto de estallar como una bomba nuclear sobre el atolón de Mururoa. Tiemblo y el estómago se me revuelve soltando esa saliva espesa y agria que se acumula bajo mi lengua. Pestañeo y cada vez que lo hago pienso que ya no volveré a abrir los ojos jamás. Mis dientes mastican la baldosa fría que se cubre de mi baba, mojándome el cachete izquierdo de la cara, los músculos de mi boca comienzan a adormecerse. Lo que parece ser una Colt 1911 apunta directo a mi nuca, anunciando amenazante que cualquier movimiento que realice para salvarme el culo terminará haciéndome uno nuevo en mitad del cráneo. Veo unos pies que se acercan a mí desde el frente. Luego se arrepienten y vuelven al cuarto del que salieron. Ya no hay más gritos, ni insultos, ni amenazas. Ya no hay dudas. Éste es mi epílogo. Siento el sonido repiqueteante del cargado de la pistola, un solo movimiento, un solo crac, definitivamente una Colt 1911.

–¿No querías jugar, huevón? ¡Ahora vamos a jugar, hijo de puta!

1 comentarios:

Claudio Alvarez Rodriguez dijo...

Woojojo!
oe dan tenis que ver 3.10 to Yuma!

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