20 de agosto de 2009

Su nombre era Peligro

Disto bastante de ser un tipo imaginativo, o creativo, o qué se yo. No sirvo para crear cosas. Es por eso que lo que se me da más fácil es parodiar, homenajear, copiar, cortar, desarmar. Eso tanto en la música como en la narrativa y en todas esas cosas que implican "inventar" algo. Sí creo que tengo la facilidad de contar historias, de representarlas, de actuarlas, de comentarlas con amigos, de exagerarlas, y es por eso que la escritura se me ha hecho tan cómoda. Por eso me gusta tanto Capote o Bukowski, porque veo un método ahí, un experimentar que te llena de mundos que relatar, aunque ello te enfrente constantemente contra las miserias más humanas y tus propias miserias frente a un espejo. Digamos que conocí a una chica. Una chica que era perfecta en todos los sentidos posibles. Un personaje escapado de los relatos que me interesa adquirir y producir. Insoportablemente bella, como dice la canción, pero también dulce y espontánea, saturada de pequeños caos cotidianos. Inquietante. Con la cual podía sostener las conversaciones más imposibles que jamás haya tenido. Una chica que me hacía sentir como Zach Braff frente a Natalie Portman, cuando caminábamos por las calles, o como Jim Carrey frente a Kate Winslet. Dos universos opuestos que al toparse parecían tener tanto en común, pero que peligraban la posibilidad de una coalición estrepitosa. Apareció tan rápido como se fue. Ni siquiera alcancé a entender qué significaba ella para mí, ni qué me provocaba, ni qué me hacía sentir. Todo iba rápido. Tan rápido que me hizo colapsar. No aguantar tanta alegría, tanta perfección insoportable. Ya no está, probablemente no volverá a estar jamás. Ahora queda el relato. Reconstruir desde la ausencia o desde la memoria, desde la conspiración cotidiana y la anticipación ficticia, como si escribir fuera la labor de un dr. Frankenstein, que de pequeñas piezas arma un texto. Imperfecto quizá. Que no se parece en nada a la realidad, pero es. Al menos ella puede ser un gran cuento. Creo que ésta es mi forma de pedirle permiso. Emo time. Cambio y fuera.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Las mujeres son capaces de encerrar toda la literatura en sus cuerpos. Buena reflexión.

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