11 de diciembre de 2009

Calamaro en paniko.cl


Un texto sobre Calamaro a raíz de su último concierto en nuestro país.


CALAMARO INCOMPLETO 
Por Daniel Hidalgo

1. LA SOLEDAD EN AMÉRICA LATINA 

20:00 hrs. Es raro decir que se está solo en medio de una multitud. Pero es así: vine solo y no tengo con quien hablar. El Movistar Arena más parece un cine, un anfiteatro al que llegas a sentarte y comer tus pop corn mientras observas una función. Lo evidencia aún más el delgado muchacho que se me acerca por tercera vez a pedirme que apague el cigarrillo, por favor señor, o que tendrá que llamar a algún guardia. Lo hago. Una pareja delante de mí celebra que hayan puesto al maldito fumador en su lugar, de una vez por todas. Minutos después dos chicas a mi costado encienden sus propios cigarrillos, nadie les dice nada.

Andrés Calamaro, el Salmón para sus amigos, es la soledad encarnada en rock y baladas nostálgicas, en tango, y en ese espíritu perdedor rollinga tan argentino pero tan latinoamericano a la vez. Las parejas a mi alrededor (entiéndase treintonas teñidas y rellenas más sus pololos aburridos a quienes obligaron a venir) no lo saben en su mayoría, para ellas, Calamaro es el tipo que se parece demasiado a un one hit wonder, que canta esa linda canción que terminaron hasta enseñando en los colegios y de algunos hitazos de su banda Los Rodriguez que sonaron por todos lados, hasta en las teleseries. Piensan en él como el generador de una instancia romántica que les permitirá abrazarse y cantar canciones de amor. Cuando en realidad él cantará las canciones de cuando ellos ya no estén juntos. 

21:20 hrs. El show ya ha comenzado. Pienso en quienes quieren ver en Andrés al Bob Dylan o al Leonard Cohen latinoamericano, porque en realidad, no creo que sea así. En sus canciones, la intelectualidad y la poesía quedan aparte. O se dan por casualidad. Porque sus canciones son mucho más básicas, instintivas e intestinales. Calamaro canta porque le duele, porque en cada canción ha entregado parte de esa vida que alguna chica le ha hecho bolsa y lo ha dejado rebotando entre drogas y ese Buenos Aires que ha transformado en su escenario perfecto. Porque sé que tras él y los músicos que le acompañan y las no sé cuántas personas que hay acá, se esconde un tipo solitario, un tipo que ha aprendido que cada herida es una canción, que cada derrota es un acorde y que cada ruptura una historia que merece ser stencileada en la memoria de los hombres. Es por esta razón que pienso que es más un continuador de esos grandes perdedores desesperados latinoamericanos, situado a un costado de José José, de Sandro, de Carlos Gardel, de Los Ángeles Negros. No creo en el rock latino, creo en la música y en la emoción. Nada más. 

2. TANGO 

22:00 hrs. Es la hora de los tangos. Calamaro se hace acompañar por Dani Suárez y Cóndor Sbarbati, los coristas de ese fantasma que conocimos como Bersuit y que actualmente reviven como frontman en ese zombie llamado De Bueyes, sin el Pelado Cordera. La buena vida. Las pizzas, las drogas, el tango, las chicas que desaparecen. Pienso en algunas ex novias con las que escuchábamos los discos de Andrés. Creo que nunca los entendí tan bien como cuando dejé de verlas. De todos ellos, creo, me quedo con “Honestidad Brutal”, del año 1999. Aquel disco a medias en que se hace pedazos, se desgarra, se desnuda. Esa maravilla sonora que huele a desesperanza y a licor. Yo no sé si mis ex novias seguirán escuchando a Calamaro, supongo que sí. Pero creo que esas canciones son tan mías y hablan tanto de mí que se me eriza la piel de pensar que lleguen a descubrir esto algún día.  

22:40 hrs. Hay tantas parejas a mi alrededor. Algunas empiezan a aburrirse. La falta de éxitos comienza a abrumarles. ¿Qué querían: un concierto de los Rodriguez? ¿Que tocara Flaca unas 23 veces? No lo sé. Y sigue siendo raro. El público de Calamaro se parece demasiado al de esos artistas que no tienen público, como Chayanne, como Luis Fonsi, como el más patético Alejandro Lerner. Una carrera cimentada en las cancioncitas que les tocan en las radios y nada más. Ese es el problema de no pertenecer a una tribu. Pero Andrés es honesto y no sé por qué pierdo el tiempo fijándome en su público, cuando en estos momentos estoy con los brazos en alto, coreando “Crímenes Perfectos”, esa canción que cantamos todos en este lugar con nuestro mejor acento de argentino pichanguero. Porque sí hay más o menos un perfil de tipos que sí conocen a Calamaro en nuestro país, es el de los gordos parrilleros que con un par de copas se vuelven bonaerenses sin ningún problema.

3. Buena suerte y hasta luego 

24:00 hrs. Camino por la oscura noche en dirección a algún paradero de micro. El show ha estado notable. Ni aunque hubiera durado cuatro horas se podrían haber tocado todas las canciones que vine a escuchar. Es que mientras uno respira, Calamaro pareciera ya estar haciendo otra canción. Me llevo imágenes memorables del show, las tallas a James Brown pidiendo crack, el momento tanguero, grandes canciones que en vivo suenan a épica absoluta. Creo que debe ser al único músico extranjero que le perdono haber cantado “Gracias a la vida”. Y entro en duda. Si llamo a alguien para juntarnos a tomar algo, no sé. O si seguir en mi soledad hasta llegar a casa y dormirme o ver televisión hasta las 5 am. Creo que esta noche, la soledad es una excelente compañía.

¡Gracias Andrés!


Aparecido en Paniko.cl

3 comentarios:

felipe montalva dijo...

si, dh,
yo cacho que está incompleto.
la nota, digo
hay mucho énfasis en el registro seudosociológico del publico.
faltan más postales del escenario.
sí estoy completamente de acuerdo que lo de calamaro es emparentable hoy a lo de sandro, los angeles negros y josé josé.
faltó.

saludos desde bsas

f.

felipe montalva dijo...

si, dh,
yo cacho que está incompleto.
la nota, digo
hay mucho énfasis en el registro seudosociológico del publico.
faltan más postales del escenario.
sí estoy completamente de acuerdo que lo de calamaro es emparentable hoy a lo de sandro, los angeles negros y josé josé.
faltó.

saludos desde bsas

f.

Daniel Hidalgo dijo...

Sí, Felipe. Era la idea del texto. Más una reflexión sobre Calamaro y la soledad que una reviù del concierto.

Saludos!

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