4 de febrero de 2010

Mellado en la Zona


Debe ser algo así como el Walter Benjamin de San Antonio. Bromeo. Quizá no tanto. Fue una de las grandes personas que conocí gracias a Ciudad Invisible. Acaba de aparecer su Armas arrojadizas, un volumen que junta algunos de sus cuentos ya aparecidos en algunos de sus libros anteriores. Tras leerlo recuerdo que Marcelo Mellado es un maestro. Lo entrevisté para la Zona, y pueden leer el texto, además de concursar por un ejemplar de su nuevo libro, por acá. O a continuación.


MARCELO MELLADO: INCOMODADOR PROFESIONAL

El nuevo libro de Marcelo Mellado se llama Armas arrojadizas. Se trata de un greatest hits con sus cuentos más notables aparecidos mayoritariamente en sus libros El Objetor (1998) y Ciudadanos de baja intensidad (2007). Conversamos con el escritor que niega serlo, con el tipo que odia tanto a Santiago que se fue a vivir a la provincia, con un polemicista de las políticas culturales y un efervescente luchador de trinchera. Regalamos una copia de Armas Arrojadizas entre quienes comenten.

Por Daniel Hidalgo

LA DISFUNCIONALIDAD

Cuando iba en séptimo básico tuve un profesor de castellano -así se llamaba aún el ramo- que todo el mundo odiaba. Mis compañeros le tenían miedo, acostumbraba a retarnos como si nos fuera a devorar en cualquier momento. Nuestros papás hacían reuniones para que lo echaran, pero yo le guardaba mucho cariño y admiración, cosa que mi madre no soportaba.

Durante los recreos, ese profesor se escondía tras sus lentes de sol negros y aguardaba siempre solitario, con los brazos cruzados, mientras fumaba un cigarrillo, a que llegara la hora de emprender paso a la siguiente sala de clases. Acostumbraba, además, a decirnos cosas como que era sobrino de Augusto Pinochet por parte de padre y de Gladys Marín por parte de madre, o que a las novias, cuando las tuviéramos, había que agarrarlas a patadas para que se portaran bien. Yo adoraba que nadie entendiera muy bien cuándo bromeaba y cuándo no.

Algo de eso hay en Marcelo Mellado (1955). Al menos suele recordarme a ese profesor de liceo que se negaba a ser como el resto de sus colegas y que se extraviaba en su propia ironía.

-¿Por qué no pasas? Pareces el perdedor de un baile de colegio, ahí, apoyado solo contra la pared.

En la puerta, y con una tenida bastante más sport que la habitual –ésta vez son pantalones y una polera negra ajustada-, es el mismo Mellado quien me invita a pasar a la librería Metales Pesados, lugar en donde está presentando su nuevo libro. Pienso responderle que estaba fumando, pero no lo hago, nos saludamos y una vez adentro le explico lo que quiero hacer con la entrevista.

Mellado es un tipo amable, a veces apasionado por el tema que discute, pero siempre habla con esa voz de los antiguos locutores radiales y con una dicción perfecta. Además, habla como escribe, con esas palabras tan provenientes de la sociología política, de la academia, y de la calle: las famosas chuchadas. Todo aderezado con el más punzante humor negro.

El libro que está presentando es Armas Arrojadizas (Metales Pesados, 2010), un grandes éxitos en el que se acumulan sus más ilustres cuentos. En ellos nos encontramos con historias sobre profesores frustrados, músicos de cantina, activistas ecológicos, mecánicos, funcionarios públicos y escritores mediocres, siempre personajes de vidas mínimas o “de baja intensidad” como el mismo autor los llama. Pícaros contemporáneos que terminan siendo una interesante búsqueda de una identidad chilena, lejos de los estereotipos y los moldes institucionales que se pondrán tan en boga en este año del bicentenario de nuestro país.

Marcelo, Armas Arrojadizas, coincide con el bicentenario. ¿Qué podemos esperar, según tu parecer, de ambos?

“No espero nada del bicentenario, porque es un relato que le pertenece y administran otros. Lo que sí podría entretenerme son las ficciones de identidad que soporta. Y sobre Armas Arrojadizas, es un dispositivo editorial que me era necesario para mejorar mi calidad de vida”.

Al recordar tus cuentos nos damos cuenta de que tus personajes siempre están marcados por cierta mediocridad…

“No sé si hablar de personajes mediocres, ese mote está fuera del texto. Yo diría que están insertos en un cuadro de disfuncionalidad estructural, que sería producto de un deseo obstruido por la voluntad de impostura”.


LA PROVINCIA

A veces, la vida de Marcelo Mellado se parece demasiado a sus ficciones. Su llegada a San Antonio, así como su paso por Chiloé en los 80’s, respondía a esa renuncia a vivir en los centros de poder: hablamos de la capital. Pero a raíz de la publicación de su novela La Provincia (2001) -basada en el puerto de San Antonio-, se despertaría el odio de los escritores, poetas y gente ligada a la cultura y política de la zona, quienes no se tomaron nada de bien que se expusieran su precariedad y patetismo de forma tan paródica. Tanto que hicieron de Mellado un blanco, incluso, de amenazas de muerte.

Seis años más tarde, el escritor enfrentaría otro panorama: la aparición de Ciudadanos de baja intensidad, traería consigo el reconocimiento crítico y de la prensa, vislumbrando en él uno de los mejores exponentes de nuestra literatura. Como si fuera poco, se había cambiado de puerto: de San Antonio a Valparaíso, lugar en el que fue bien recibido hasta que sus incendiarias columnas en el periódico The Clinic -particularmente una en que el escritor acusaba a un grupo de poetas de Valparaíso de haberle robado su notebook en una tertulia poética- provocaron la ira de aquellos “poetas porteños” y, como si se tratara de una película de ninjas, fueron a vengar su honor herido. Asistieron a una charla que el escritor realizaría en el Consejo de la Cultura, llamaron a la prensa, hicieron pancartas, y frente a las cámaras de televisión local, le lanzaron huevos y, con la adrenalina descontrolada, le pegaron un par de patadas, todo en nombre de los “poetas de Valparaíso”. Cosas de la precariedad de la provincia.

La última vez que lanzaste un libro, estabas recién llegando a Valparaíso, han pasado dos años y estás de vuelta en esa trinchera que has identificado en San Antonio ¿Qué pasó con Valparaíso?

“Yo me imaginé que Valparaíso podía ser un lugar desde el cual trabajar, pero no, Valpo es imposible. Las mafias que lo conforman construyen una trama en la que no cabe un no-comprometido con alguna de ellas, ya sea académica, política, poeticona (o criminal a secas), etc. Valparaíso es horroroso, es una impostura que debiera ser desarticulada. A uno le tocó más de cerca el Valpo culturoso, que es tan criminal como los otros Valpos”.

Además están los llamados “poetas porteños”, con quienes entraste en conflicto en algún momento. ¿Qué pasa con Valpo y sus poetas?

“Es parte de la impostura que comentaba. El poeta porteño es un registro específico de la criminalidad cultural. No sólo es un modo de sobrevivencia para mucho pendejo que debe justificar estudios simulados o como una forma de pasar piola. El otro modo es el criminal a secas, como ‘la prieta choricera’, que trabajaba para la muni y cuya pega era no hacer nada, aprovechándose del turismo cultural, o como el ‘animaverquido’: un poeta lanza que nos recitó, en uno de esos tugurios porteños -yo andaba con el Mario Verdugo-, unas incoherencias líricas fascinantes, de la que pudimos rescatar la siguiente imagen posible: ‘animaverquido por la pasión’, adjetivo que no pudimos hallar por ningún lado, pero que quedó como un registro de esa voluntad de impostura, quizás como el nuevo ‘inamible’ de la literatura chilena”.

A su regreso a San Antonio, Marcelo Mellado retoma las tareas con su taller literario Buceo Táctico, quienes sostienen una editorial (Economías de guerra), incursionan en el área comercial, fabrican mermelada y realizan actividades en las que incluso se puede ver a otro hijo ilustre del puerto, Chinoy, entre lecturas de poesía y ponencias. Pero aún hay más. Por insólito que parezca el escritor llega a la presidencia de la Sociedad de Escritores (SECH) local, y llegó a declarar en un periódico regional: “Asumí este cargo para destruir al Estado”.

Todo lo que hace Mellado tiene un fin colectivo, acostumbra a agrupar personas, a formar escena, a ejercer padrinazgo.

¿Y cómo fue que llegaste a la presidencia de la SECH?

“Tiene su lado ridículo y paródico, es parte del juego. No te imaginas cómo lo hemos pasado. Nos hemos reído muchísimo haciendo una pega para la que nunca estuvimos preparados sicológicamente, pero si no hacíamos la pega iban a aparecer los impostores a hacerse cargo, ocupando falsos lugares. Le hemos impedido a los poetas de partido (esos que usan la cultura para ser concejales), a los profes que luego de jubilar se hacen escritores y a las señoras aburridas, que nos copen el negocio. Además, nunca en mi vida he tenido un cargo gremial, nos interesaba el contenido cívico y gremial de este asunto. Me carga el seudo purismo de poetucho pendejo que se cree impoluto. Más aún, vamos a realizar con la SECH y otros grupos un Encuentro de Pueblos Abandonados, que tiene como objetivo la reescritura territorial de Chile, o algo como eso”.

¿Pero no crees que hay una contradicción entre tu discurso tan radical frente a la “comodidad” funcionaria y el ocupar hoy ese cargo?

“Hay muchas, cientos de contradicciones, claro que sí. ¿Tú crees que es cómodo? Igual es divertido. Además, tengo una sensación como de legitimidad increíble. ¿Cómo lo hicimos? Nos juntamos varios escritores amigos, además del apoyo de otros en el litoral (incluido Jorge Guzmán que es candidato a premio nacional) y nos organizamos. Lo fundamental es presentar un bloque contra una autoridad que no te respeta y que te desprecia: son tácticas de lucha. La otra, la del pendejo jipón o anarcofascista, es muy facilona y reactiva, y maximalista. Es huidobriana, la de los pequeños dioses, hijos de mamá cuica. Nuestra perspectiva reconoce la regla clásica de la guerra revolucionaria en que hay que utilizar todas las formas de lucha para exterminar al enemigo”.


EL ENEMIGO

Mellado es un incomodador profesional. No sólo se agarra de las mechas -retóricamente- con el mundillo literario y “culturoso” (Mellado dixit), sino que su máxima preocupación entra en el terreno de la política y las gestiones de índole cultural y territorial. No es raro, entonces, que en las actividades realizadas en Espacio Cultural, centro de operaciones de su taller, uno pueda verlo discutir afiebradamente con algún concejal, alcalde o funcionario municipal que haya asistido al evento. Pero además están sus columnas que a ratos llaman a la resistencia y otros a la revolución de una.

Tanto en tus columnas como en tus ficciones siempre forjaste un proyecto anticoncertacionista, ¿Qué hay ahora que la Coalición por el cambio es el nuevo gobierno?

“Se trata de dos órdenes políticos que son igualmente distintos o distintamente iguales. Por lo general son compañeros de pega y tienen espíritu corporativo. Son el enemigo”.

¿Pero no crees que se venga una crisis aún mayor en cuanto a ese ambiente que definiste como “culturoso”, así como de los funcionarios de la cultura?

“No me atrevo a aventurar nada, hay que ver cómo funciona esa ficción. Uno se imagina que usarán el mismo sentido común cultural que la Concerta, aunque también podemos suponer que la falta de redes y códigos los hará verse ridículos y patéticos”.

¿Y qué podemos esperar de los próximos cuatro años de este país, y de Marcelo Mellado?
“La lucha continúa. Y quizás, si estos que vienen tienen menos voluntad de control que los anteriores, podamos trabajar mejor la noción de país B o paralelo. Es una suposición”.

No me termina de quedar claro si Mellado bromea, o no. Es su humor negro. Tal como pasaba con mi profesor en la básica. Pero recuerdo que ese mismo maestro, ya más anciano y cuando yo ya había salido de la escuela, me comentó que las personas de humor negro eran las mejores, dado a que siempre terminaban diciendo la verdad.

En medio del cóctel de la presentación del libro, se ven los asistentes saludando al escritor que adoptó a San Antonio como su ciudad y centro de operaciones. Le felicitan, le palmotean la espalda, brindan copa en mano. No puedo dejar de mencionarle su similitud con mi profesor, pero prefiero disfrazarlo de pregunta.
Marcelo, además, tú eres profe de castellano ¿Qué opinas de los profesores chilenos?

“Yo, por un lado, los admiro. Esa capacidad de resistencia con una clientela feroz y criminal (o casi, que es lo mismo). Y por otro, la conciencia de inutilidad, la angustia, la tristeza… nos falta efectiva capacidad y voluntad de diferencia e innovación. Crear, directamente, sistemas educativos paralelos, radicalmente otros, que no se parezcan entre sí, que respondan a los territorios de donde surgen”.

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