8 de julio de 2010

Columna 25 años de Volver al Futuro en pániko.cl


No sé por qué nunca fui a una fiesta de disfraces como Marty McFly, tal vez porque nunca he ido a una. En fin, acá la columna que escribí sobre mi película favorita de todos los tiempos.

VOLVER AL PASADO


Por Daniel Hidalgo

El futuro ya no es lo que solía ser
-Arthur C. Clarke-


EL PASADO

1990. Todos éramos niños en ese entonces. Era la primera salida con mi primo Gonzalo y la aventura se trasladaba al cine Metro en Valparaíso, última salita de la nostalgia antes de que el Cine Hoyts lo hiciera desaparecer para ocupar su lugar. Yo era algunos años menor que él, lo que lo transformaba inmediatamente en mi tutor, y recuerdo que ya sentado en la micro me sentía parte de una aventura: andar por las calles sin mis padres. Cuando llegamos, la función ya había comenzado. Mi primo me había estado asustando todo el camino diciendo que la película era para mayores de 14 y que si nos pillaban nos echarían a patadas, así que mejor hablara como grande, como él, a pesar de que sólo tenía 6 años más que yo. Además, me compartió uno de sus secretos: lo mejor era sentarse en la última fila, así tenías una experiencia total del cine, y hasta el público delante tuyo se hacía parte de eso.

La película era Volver al futuro III. Aquella en donde Marty McFly se ve perdido nuevamente en 1955, y decide ir a buscar al científico genio y demente que es el doc Emmett Brown de entonces, para que lo haga reencontrarse con el doc Emmett Brown del año 1985 que ahora estaba viviendo en 1885. No sé si habré entendido del todo la trama, pero sí recuerdo que quedé babeando tras ver esta cinta de vaqueros y viajes en el tiempo.

Tanto fue lo que nos gustó la peli, que cuando llegamos a casa de mis tíos, nos dedicamos a jugar un rato y terminamos viendo Volver al futuro II, que Gonzalo tenía pirateada en VHS, con la portada fotocopiada y pintada con lápiz scripto.

A las semanas TVN dio la primera parte. La grabé. Y debo haberla visto unas tres veces diarias, durante un mes o más.

Yo quería ser Marty McFly. Aprendí a andar en skate muy precariamente y me fascinaba que al cambiarme de colegio ese año, todos me llamaran “el nuevo”. Nunca tuve a un perro llamado Einstein, ni conocí a nadie remotamente parecido al Doc. Eran los años en que el merchadising casi no existía y había que ingeniárselas para rendir culto a cualquier insumo pop que te volviera loco.

EL PRESENTE

2010. Hoy mi primo se dedica al canto lírico en Alemania y si hay algo que quiero escribir sobre Volver al futuro, en estos 25 años que la película dirigida por Robert Zemeckis está cumpliendo por estos días, más allá de repasar los datos que aparecen en todas partes, es sobre esa idea de haber sido el relato épico adolescente de los 80’s y 90’s.

Michael J. Fox, siempre será Marty McFly y nada más. Un adolescente norteamericano amante de Chuck Berry, patinador sagrado, y héroe de escasos centímetros, capaz de hacer todo por su chica, por su familia y por la gente que quiere.

La épica, claro, es doméstica. Más allá del condensador de flujos, del DeLorean, de los viajes espacio-temporales, las grietas y universos alternativos que estos provocan, la historia de la sociedad norteamericana, lo que McFLy realmente combate es todo aquello que puede afectar a los suyos. A diferencia de los grandes clásicos de la ciencia ficción, acá la catástrofe es puertas adentro.

McFly nos enseña a ser héroes en el día a día. Con esa actitud media ondera para la época, pero que extrañamente lo transformaba en un perdedor que gana. Un petiso que siempre consigue lo que quiere.

Quijote y Sancho de fines de siglo 20. Tal vez con roles invertidos: el científico loco y el chico que debe hacerse héroe, en esta odisea que siempre termina en el mismo día, a pesar de haber pasado siglos de viajes en el tiempo.

Volver al futuro, la trilogía -porque las tres son inconcebibles la una sin la otra- es nuestro condensador de flujos, la máquina capaz de transportarnos a esa época en que todos éramos niños. Nos enseñó a tener sueños y que todos podíamos ser Marty McFly, un héroe sin grandes virtudes más allá que la de creerse el cuento. Ese futuro, tal como lo intuíamos cuando niños, es hoy. Volver al futuro es parte del pasado.

EL FUTURO

Nos vemos en el futuro, lo dijo el Doc Emmett Brown.


En pániko!!!

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