Un Michael Jackson del barrio

Lo recuerdo del Roma, el bar frente a la Universidad, pasaba por ahí en las noches, sólo un par de horas antes de que el boliche cerrara, como siempre, cerca de las once, cuando ya nosotros estábamos listos para otra cosa porque llevábamos en el lugar horas y horas, desde la mañana a veces, cuando la Universidad nos permitía hacerlo, bebiendo de esas cervezas Báltica que vendían por seiscientos pesos y la promoción de dos por mil pesos, o la de la jarra de vino con una Pepsi de litro por mil doscientos, y bebíamos y fumábamos, entre los traficantes de hierba que en esos tiempos no eran tan gangsteriles, y entre universitarios, como nosotros, apenas dejando de ser niños, intentando dejar de serlo, jugando cartas, algunos, al cacho, otros, escribiendo ideas y versos en cuadernos el resto, y las chicas lindas que se paseaban por ahí, al salir de sus clases, que muchas veces significaban una pequeña perdición para nuestros corazones alborotados, y los ancianos locos que retiraban las botellas cuando ya estaban vacías y que siempre te pedían un sorbito de tu vaso, y él llegaba y saludaba a todo el mundo, con su polera blanca y su camisa roja abierta y su guante sin par que llevaba en la mano derecha, su sombrero negro y sus pantalones de cuero cubiertos de cadenas, era el Michael Jackson de la pobla, su doppelgänger de Playa Ancha, el Maiquel, o el Maicol le llamaban todos contentos cuando aparecía, se sentaba en una mesa rodeado de los traficas que eran sus amigos y se tomaba una piscola y otra y otra, hasta que se soltaba, y lo mirábamos de reojo cuando se ponía de pie para ir al wurlitzer y colocaba la moneda para decidirse casi siempre por Billie Jean y se ponía a bailar en medio de todas las mesas, y a veces apagaban las luces y comenzaban los gritos y las ovaciones y las palmas llevando el ritmo de la canción, y una vez lo vimos saltar desde el piso hasta una mesa como si pudiera volar por algunos segundos, para luego dar una voltereta en el aire hacia atrás y caer al piso nuevamente, ese era su show, cuando ya pasaban las horas y el nivel de alcohol crecía o si había una peña o una fiesta universitaria, podías ver al Michael Jackson del barrio bailando alguna salsa, también la bailaba como dios centroamericano, y a las diez y media de la noche, cuando ya empezaban a corrernos a todos, Michael se daba el tiempo para despedirse de todos los presentes, y nos largábamos siempre sintiéndonos privilegiados de haber presenciado su baile celestial.

Comentarios

Wairra dijo…
Sin igual, una vez lo ví colgado de las lámparas, creo que también lo ví escalando por un fierro.

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