4 de noviembre de 2009

Baradit en paniko.cl





Entrevisté al gran Jorge Baradit, a raíz de la salida de su tercera novela: Kalfukura. Pedazo de novela: mitología mapuche, aventuras, Pedro de Valdivia y las tropas imperiales zombies, fantasía, una catástrofe y un héroe bien chileno.

Pueden leer la entrevista, además de concursar por un ejemplar de Kalfukura, pero también la pego a continuación.


Jorge Baradit: “Kalfukura es un sabotaje encubierto”

Por Daniel Hidalgo

El escritor Jorge Baradit nos golpea con su tercera novela, “Kalfukura”, un relato que bebe de esoterismo, mitología mapuche, conquistadores españoles zombies y la gran aventura que Leonardo, un niño de 12 años, debe emprender para salvar al mundo. Acá, Baradit, nos cuenta mucho más y entérate de cómo ganarte un ejemplar de esta nueva novela.

Vamos a contar la historia de dos niños chilenos. El primero de ellos es uno nacido en Valparaíso y que vio en los libros y en la fantasía cosas que el resto de sus amigos no: “desde chico mi lectura fue absolutamente promiscua y heterogénea. A los 8 leía ‘Las mil y una noches’ y ‘Altazor’. A los 12 leía Asimov y Borges. A los 18 leía a Artaud y ‘Las memorias de una pulga’. Salgo de ver ‘Solaris’ y entro a ver ‘Indiana Jones’. No hay patrón. Pero puedo decir que el libro que me marcó para siempre fue ‘El Aleph’, de Borges. Un tío me lo pasó cuando tenía 13 años y me destruyó la mente para siempre. Eso no se hace”. Este niño es Jorge Baradit (1969), quien se trasformaría más tarde en la revelación de la literatura fantástica latinoamericana al publicar el año 2005 “Ygdrasil” y “Synco” el 2008, en el entretiempo, Baradit se hace ganador del premio UPC, uno de los reconocimientos más codiciados de la ciencia ficción internacional, transformándose en la revelación de la ciencia ficción made in Latinoamérica.

El otro niño tiene doce años y se llama Leonardo Caspana, viaja con su tía Corsina hasta Arica en donde observa una catástrofe de corte mítico: una ciudad emerge del mar y se le revela que su madre no está muerta como él creía y que, además, ésta encarna el espíritu de la Pachamama. Leonardo, lleno de dudas en un comienzo, acepta su misión: transformarse en héroe y llevar a cabo una lucha entre deidades mapuches y las tropas españolas conquistadoras que emergen de un submundo, tras quinientos años, con el fin de apropiarse de la Kalfukura, una piedra que es, en realidad, el corazón de la Tierra.

Jorge Baradit es el autor de “Kalfukura” (Ediciones B) y Leonardo Caspana, su protagonista. La novela trata, a la manera en que el autor nos tiene acostumbrados, sobre nuestra sociedad y sus monstruos, un relato fantástico que encubre la gran lucha entre los rebeldes y la cara más oscura del Poder. Ésta vez pensada para una gama de lectores más amplia, una novela que puedan leer los más péndex. Además, Baradit, por estos días lleva a cabo un podcast semanal junto a Francisco Ortega que lleva por nombre “Desde el fin del mundo” en el cual debaten sobre ciencias ocultas, misticismo, Historia secreta y conspiranoia. Acá va la entrevista a un hiperactivo de la fantasía y el ocultismo chilensis.

Jorge ¿Cómo ha sido escribir una novela como Kalfukura, de dónde nace la idea?
-América fue conquistada mágicamente. Un puñado de soldados mal pertrechados conquistó un imperio gracias a malos augurios y a una leyenda que hablaba del retorno de los dioses blancos justo en el año en que Cortés llegó a tierras aztecas. Eso es magia. De ahí a considerar que no fue casualidad y que hubo todo un plan detrás hay un solo paso para un paranoico como yo. La Conquista de América fue mágica, hubo una batalla entre magos europeos, escondidos en las carabelas, y los chamanes indígenas por la posesión de la mente del territorio. Quinientos años después, la batalla comienza de nuevo.

¿Cuál ha sido la bibliografía -o material de cualquier tipo- que utilizaste en ella?
-Uf... la verda es que llevo leyendo acerca de mitos indígenas e historia de la conquista desde la U. Además de la discografía demente de siempre, que incluye un charquicán de fuentes apócrifas y mucho ruido informático. Desde el libro de Carlos Keller, documentos indígenas, registro de relatos orales, Pascual Coña, Rigoberta Menchú, Sonia Montecinos, Gastón Soublette, Miguel Serrano, hasta las cartas de Calfucurá y algunos panfletos indigenistas cusqueños de dudosa validez. Póngale Lienlaf, póngale Artaud en el país de los tarahumara, póngale Castaneda. Póngale Studio Ghibli y póngale “Las mil y una noches”. Sáquele Tolkien.

A diferencia de tus novelas anteriores, en Kalfukura, el proyecto de ciberpunk latinoamericano –o ciberchamanismo, como lo butizaste– pareciera haberse transformado en otra cosa, en una escritura mucho más popular y mítica ¿Qué hay con eso?
-No tengo idea. Uno escribe lo que puede. El bolo que se va armando en los recovecos del encéfalo no está bajo mi control. De pronto veo un algo entre la niebla que comienza a girar, adquiere gravedad y empieza a atraer todo lo que hay a su alrededor indiscriminadamente. De esa materia surge una forma inevitable que, poco a poco, toma forma. En realidad, la palabra “proyecto” es absolutamente inadecuada para lo que estoy haciendo, yo diría que se trata de una expedición de descubrimiento.

Igual, en la novela nos enfrentas nuevamente a la batalla entre españoles y mapuches, entre conquistadores y conquistados, sin embargo, para el pueblo mapuche esa es una pelea de todos los días, sin necesidad de que sean españoles zombies sus enemigos ¿Qué opinas del conflicto en la Araucanía y de cómo el Estado chileno ha reaccionado frente a él?
-A fines del siglo XIX se decía que los países con más proyección en Sudamérica eran Chile y Argentina, porque tenían menos indígenas. El resto de América Latina no había hecho el trabajo de exterminio con que Estados Unidos había "fumigado" su casa, así que cargarían con un lastre molesto.
Para el Estado chileno, el indígena siempre ha sido eso, un lastre molesto (a menos que seas Rapa Nui y tus indigenicosas le dejen plata al turismo, ahí los tratas con extrema condescendencia hasta el punto de convertirlos en mascotas llenas de beneficios sin sentido). Esto se trata de producción, de explotar la tierra y ponerla a producir y los mapuche no parecen ser muy buenos en eso, lo de ellos es la calma, la austeridad y la precariedad. No tengo ningún interés en beatificarlos, la verdad es que las mayores tasas de violencia intrafamiliar están entre ellos, el alcoholismo, el asesinato y la violación de menores no les son extrañas. No va por ahí la cosa. Son tercos, discriminadores y violentos. Son como cualquiera, sólo que no tienen el sartén por el mango ¿Qué los diferencia? Que son un pueblo, cosa de la que los chilenos carecemos, tienen identidad, lengua propia, mitos propios, una permanencia de mil años en la misma tierra, lo que los hace consonantes y, de cierta forma, tan hermosos como una araucaria o un puma ¿Qué los hace iguales? que son personas de derecho a los que se los está pasando por el aro. El Estado chileno se caga a todo el mundo en función de la producción, en lo único que los mapuche son diferente es que, al comportarse como minoría, el conflicto adquiere notoriedad, tiene cara y "onda" para los huevoncitos que andan desesperados buscando bandera de lucha en medio del desierto ideológico. Si estuvieran en Santiago serían C3 oprimidos y punto. El conflicto es complejo porque no tiene unidad, esa es su penuria pero también su ventaja. Son tan incapaces de ponerse de acuerdo que no producen liderazgos, eso hace que el Estado no pueda descabezar el movimiento, porque siempre surge otro y otro que está en desacuerdo con la otra comunidad, y nadie quiere a nadie y todos se odian entre sí y al Estado, que mira y no entiende nada, se vuelve loco.

¿Qué opino del conflicto mapuche? Que el Estado debe asumir lo que ellos consideran "pérdida": entregar las tierras que corresponden y salvaguardar la cultura. Comerse los problemas derivados de ello y saber que va a vivir toda la vida con el tema, igual que con otros muchos temas sociales no menores que éste.

Se dice que “Kalfukura” es una novela juvenil…
-Igual “Kalfukura” es una novela para rango etáreo entre 14 y 90 años. No creo que sea sólo una novela juvenil, para nada. Tiene niveles de comprensión múltiples que permiten leerla como una novela de aventuras o como un manual esotérico-alucinógeno. Es más, creo que Kalfukura es en realidad un sabotaje encubierto, una carga de profundidad para las mentes de nuestros niños. Mi interés era sacarle la espoleta al espíritu mítico del continente.

¿Y qué opinas de fenómenos de literatura juvenil o infantil como Harry Potter o Crepúsculo?
-No los he leído y me parece vano criticarlos. Creer que quien está leyendo “Crepúsculo” hace mal porque podría estar leyendo “2666”, es una estupidez. La mayoría de la gente no es sofisticada, es un principio casi natural, no un juicio; no le puedes pedir a todo el mundo que reconozca la diferencia entre un Montes Alpha y un Casillero del Diablo. Y pensar que una de esas personas es mejor que la otra, es una estupidez aún mayor. A mí, por lo menos, me da lo mismo el tema. El crecimiento personal es eso: "personal", ya no es una exigencia del programa sino una decisión particular. Tiene sus bemoles pero, whatever, es lo que hay.

Ya han pasado casi 5 años desde que tú, junto a autores como Mike Wilson, Francisco Ortega y Álvaro Bisama, empezaron a instalarse como una renovación de la literatura chilena, que pasó de la ciencia ficción a lo que algún medio llamó “El freak power”. ¿Cómo ves ese proyecto hoy en día?
-Vivito, coleando y convertido en la única escena literaria chilena interesante por estos días (Patricia Espinosa está en contra, así que debemos estar en lo correcto). El próximo año Mike publica “Zombie”, que va a dejar la cagada; Bisama publica “Estrellas muertas”, que va a dejar a todos pa’dentro; Ortega atacará con “La casa Berkoff”; y otros más que seguirán saliendo. Yo publico mi novela gráfica “Karma police” y verán la luz los guiones Synco, la serie de TV. Si eso no es pura vida, man, no se qué podría ser.

¿Si pensamos en “Kalfukura” como una película, quiénes compondrían su soundtrack?
-Joe Hisaishi, sin duda. El compositor de algunas de las mejores bandas sonoras de las películas de Studio Ghibli. Hayao Miyazaki es dios.

Siempre he notado esa fuerte carga de animé (Evangelion, Ghost in the Shell) en tus novelas, ¿Qué manga o animé han sido vitales para tu escritura? En realidad… para serte franco… me gusta una chica otaku ¿con qué podría sorprenderla?
-Con “First squad”, la última obra de Studio 4ºC, una coproducción ruso-japonesa sobre un grupo de niños con poderes paranormales que combaten la avanzada nazi durante la segunda guerra mundial.
“Akira” es, claramente, una influencia demoledora. Juntar los ritos del peyote, con Swedenborg, la lotería en Babilonia y la historia de Kaneda, me produjo placer casi sexual.


Ya hiciste la primera novela ciberpunk-japo-gore chilena, luego una ucronía sobre un tema reciente de nuestra historia, y ahora entras en la literatura para más chicos, ¿qué otros proyectos literarios te interesaría hacer? ¿Podría ser algo de invasores del espacio que destruyan La Moneda o el Paseo Ahumada, por ejemplo?
-Religión, quizá los ejércitos del Señor bajando a destruirlo todo en el último día... y las fuerzas de la resistencia humana que seguramente se organizarán para pelear por su supervivencia.
Quizá sobre el cinturón de Van Allen, barrera electromagnética, que rodea la Tierra y que estoy seguro retiene las almas en su camino al cielo, escribir sobre la costra invisible de espectros que orbita el planeta, aullando, mordiéndose entre ellos y deprecando ¿Te imaginas fabricar un aparato de radio que capte esa muchedumbre de insultos y llantos?

Otra cosa, tuviste una banda mítica del hard core punk chileno como Trato Bestial ¿Podrían volverse a juntar algún día? ¿Tienes ganas de hacer música o haces actualmente? no sé…
-Tengo bajo y guitarra en la pieza de trabajo, todos los días me miran y me cierran el ojo. La punk attitude era lo que me interesaba, descubrí al poco andar que puedes ser punk escribiendo novelas dementes, disertando, pintando o criando un cabro chico. La guitarra es lo de menos.

Y la última: si hay alguna catástrofe nuclear o algo así, y te tuvieras que ir a un sótano antiradioactividad y sólo pudieras llevar un libro, ¿cuál sería?
-Hoy llevaría “Relatos de Belcebú a su nieto”, de Gurdjieff.

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