15 de diciembre de 2009

Columna en la Zona


Me pidieron una columna sobre la experiencia de ser Profe en la Zona. Como soy malito para hacer columnas pedagógicas, se las mandé de inmediato. Por acá la leen! Y a continuación.


LA SOCIEDAD DE LOS PROFES MUERTOS


A una semana de que salgan los resultados de la PSU, comenzó una campaña para hacer que quienes sacan buenos puntajes estudien pedagogía.Y de eso se trata esta columna. De un tipo que con 23 años salió de pedagogía, y se puso a hacerle clases de lenguaje a tipos de 19 en un colegio fiscal de Valpo. Un tipo que descubrió que si la sala de clases era un caos, la sala de profesores era un campo de guerra. Uno que quiso ayudar hasta que decidió huir.

Por Daniel Hidalgo

HEY, TEACHER!

Nunca vi La Sociedad de los Poetas Muertos. Recuerdo que lo más cercano que estuve fue aquella ocasión en la básica, en un colegio de Viña, cuando Teacher Mario llevó el vhs para que la viéramos todos en la sala en un televisor de 14’’. Algo pasó. Estuve conversando la mitad de la hora con mi compañero y amigo Álvaro Ballero –larga historia- cuando el profe se puso furioso y apagó el televisor de un manotazo. Nadie estaba pescando la tele. Nos acusó de insensibles y nos prometió nunca más llevarnos películas para deleitarnos, aunque años después caché que las películas los profes, en realidad, las usamos para sacar la vuelta o recuperarnos de la caña.

Descubrí más tarde, cuando estudiaba pedagogía en castellano, que algunos compañeros de la U vieron esa película como el motor que los impulsó a estudiar la carrera. La idea de que un profesor es un cura evangelizador en tierra de salvajes, un sensei todo terreno capaz de enseñar al más nefasto y esquivo de sus discípulos. No sé, detesto a Robin Williams, porque si de perdedores se trata, me quedo con Bill Murray.

Hablando de perdedores. No tengo claro por qué estudié pedagogía. Lo decidí en cuarto medio. Me gustaba leer y me iba bien en castellano. Además, tengo tíos profesores. Creí que sería lo único que podría hacer bien, se me daba fácil y me sentía cómodo. Muchos de mis compañeros creo que también llegaron de rebote, sin saber mucho qué hacer, tomaron lo mejor que pudieron tras dar la prueba y sacar, en promedio, 550 puntos. Eso sí, los peores puntajes se convirtieron en sacerdotes de la educación y se aprendieron de memoria palabras como “vocación”, “educación emocional”, “evaluación docente”, “currículum” y “planificación”. Un coa propio de los profes frustrados.

La carrera pasó rápido y en cinco años ya vestía mi terno y corbata y llevaba mi maletín colgando de mi brazo, y pasé a ser el viejo de lenguaje de un liceo de Valparaíso, de esos que a pesar de rebautizarlos con nombres de ancianos muertos que nadie conoce, todos los siguen llamando por su letra inicial y los números que la siguen. Liceo D-3,1416 o algo por el estilo.

Yo mismo había estudiado dos años en ese liceo cuando niño, cuando mis papás no pudieron seguir pagándome el colegio en Viña, así que llegué con la ilusión de poder hacerle clases a chicos que de cierta forma me recordarían a mí, además de ser colega de mis antiguos profesores, ahora en estado momificado.

El primer día, ya salió todo mal. Los siguientes no cambiarían mucho.


TO SIR WITH LOVE

Hacerles clases a niños siempre será extraño. Porque uno mismo está lleno de errores y a veces siente que no tiene ninguna moral para presentarse como un ejemplo, un maestro seco e intachable. En realidad, no creo que la pedagogía se trate de eso, pero es lo que te hacen creer. Llegué a ese liceo a enseñar con todas las ganas del mundo y, obvio, pasaron muchas cosas que me hicieron chocar con la triste realidad. Paso a enumerar:

1) En la primera semana mis alumnos tiraron una bomba de humo mientras escribía en la pizarra.

2) Tuve una pelea entre seis alumnos dentro de la sala que duró unos quince minutos. Todos me duplicaban en tamaño. A pesar de haber practicado full contact desde niño, soy bajito y sólo miré hasta que la mocha paró.

3) Un alumno me sacó la madre.

4) Se robaron la placa madre de un PC mientras ocupaba la sala de computadores.

5) Cuando se jugaba un clásico o algún partido de la selección, los chicos se tomaban la sala y no me dejaban entrar para hacer la clase.

Pese a todo lo que cuento, nunca recibí daño alguno. Porque al final, si bien dudo que durante dos años que estuve tratando de ser profe alguno de mis alumnos haya aprendido realmente algo de lenguaje, todos me terminaron queriendo y viceversa. Así lo confirman todas las invitaciones por facebook que recibo de mis ex alumnos cada semana.

Porque sépanlo, el gran problema de la educación para serles franco, no son los alumnos, sino la convivencia que tienen los profes. Paso a enumerar:

1) El subdirector hacía bullying con nosotros. Nos amenazaba, nos retaba, nos tiraba tallas pesadas, nos humillaba, etc.

2) La sala de profesores a veces parecía un verdadero campo de batalla.

3) Un profesor fue acusado por una colega de acoso sexual contra las niñas. Esto provocó que llegaran las cámaras de Canal 13 y nos hicieran un seguimiento que terminó con una imagen mía en el noticiero, fumando escondido en las dependencias del establecimiento.

4) Teníamos una colega loca que se dedicaba a pelear con todos. Una vez se enojó porque la saludé con un beso en la mejilla, y otra, se puso a llorar en consejo de profesores porque no se sentía querida.

5) Resultado de todo esto es que tuvimos que someternos por orden del director a terapia de sociabilidad laboral. Creo que fue lo peor. Tener que hacer esos ejercicios emotivos en que tienes que abrazar a quien sea que tengas al lado. Horror.


ÚNANSE AL BAILE

El costo de mi carrera bordea los 6 millones de pesos en total. Mi salario como profesor, jornada completa, 34 horas a la semana, 12 cursos, era de 360 mil pesos mensuales. Todos nos moríamos de miedo frente a la Evaluación Docente. Por año, los paros y las marchas, sumaban unos 30 días aproximadamente. Casi todos se tuvieron que recuperar los días sábados. Los fines de semana las pruebas para corregir sobre mi escritorio llegaban a las 100. Medicamentos como el viadil, ravotril, diazepán se convierten en verdaderas adicciones para los docentes. En estas condiciones, es imposible que alguien quiera hacer bien su trabajo.

Al final, por mucho que los odies en un principio cuando se portan mal, te terminas encariñando con cada niño. Todos tienen sus dramas, a veces terribles: caer en cana por robar afuera del súper, embarazarse a los 13 con el pololo fugitivo, vivir con tíos en lugar de tus padres, etc.. Y con el tiempo, uno comienza a sentir que por más esfuerzo que ponga, al final no puedes cambiarles la vida. Y la sensación de fracaso se hace evidente.

Al menos sabía que como profesor, uno no puede ser un problema más para ellos, cosa que pocos de mis colegas entendían.

Cuando los chicos se portaban mal, la mayoría optaba en primer lugar por la expulsión. Si no se podía, la suspensión. Si no, el castigo e incluso ponerse de acuerdo con otros colegas para rellenarlos de notas rojas y dejarlos pegados. Las peleas con los otros profesores crecieron cada día. Al final, me dolió reconocerlo, pero no aguanté más y decidí partir. Abandoné Hiroshima. Me vine a Santiago, a seguir estudiando y a trabajar de cualquier cosa pero lejos de los colegios y liceos.

Extraño a mis alumnos. A veces converso con ellos por chat y es siempre un gusto darse cuenta de que recuerdan muchas de mis clases, las cosas que decía, las palabras que repetía una y otra vez, las veces que los hice reír, y las veces que me enojé y les llamé la atención hasta cansarme. Pero por sobre todo me enorgullece leerles que intentan seguir adelante, trabajar, incluso preparar la PSU en un preuniversitario medio flaite. Porque como profe, uno es muchas veces un padre, un psicólogo, un consejero, un amigo. En mi caso, además de todas esas cosas, también soy un fugitivo.

3 comentarios:

CHINGAFLON dijo...

me quedan 5 años para eso, espero llegar y sobrevivir.

Wairra dijo...

Muy bien!

G dijo...

Ta buena la columna, sincera, por sobre todas la cosas.

Saludos.

Gonzalo Cifuentes

PD: tu maldita nota me dejo pensando en el cambio de carrera...

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