Fritz en paniko.cl

La cuarta publicación del escritor chileno Ignacio Fritz nos traslada a un hotel bien particular, a continuación te presentamos algunas impresiones tras su lectura, y ¡atentos! porque regalamos el libro entre quienes comenten. SIGUE LEYENDO »

Una canción de amor

A esta ciudad hay que ponerle bombas, tantas como se necesiten para botar cada edificio, cada muralla, cada escalera, cada indicio de que alguna vez acá se paró algo similar a una civilización. Como al corazón que hay que ponerle una bomba capaz de hacerlo reventar y chorrear por cada esquina de cada habitación solitaria. Que explote. Que arda cada monumento. Que se consuma cada recuerdo. Que queme la piel. Que el fuego y el humo sean lo único posible. Hay que quemar los libros de Historia en primer lugar, luego los de filosofía, las enciclopedias, las Constituciones políticas, que sigan los manuales prácticos y luego los de cocina, los de fotografía. Por último y sólo si quedan ganas, la literatura, la ficción, la narrativa y la poesía, por inofensiva, por no representar riesgo alguno. Que se funda todo en una gran llama que se vea desde el espacio, que el planeta entero no sea más que una bola de carbón del gran asado cósmico de los dioses que no existen. Que todo se vuelva ceniza. Que todo sea gris. Y que los gases tóxicos maten a los sobrevivientes. Que la raza humana sea carbonizada, como toda la vida. Que todo sea un gran final inevitable y hermoso. Que se caiga el universo en un agujero negro y que implosione todo en una nada metafísica. Y que a lo lejos se escuche esa voz. La voz de esa chica que te rompió el corazón a los catorce, sólo porque fuiste un experimento en la misión amorosa de ciertas mujeres que viven destrozando corazones, y que se acerca poco a poco hasta llegar a tu lado y sentarse a observar la destrucción de todaslascosasqueexisten y que te bese con los labios cerrados y que la voz se haga entendible y se escuche en las concavidades de tu cabeza, citando a Bob Marley: "everything's gonna be alright". Y que encuentres que la razón entera se encuentra en esas palabras. Y sonrías y esperes el final que ya llegó.

Apuntes tras ver otra más de Tarantino

1. Son las 1:14 AM y sigo pensando que Quentin Tarantino es un director de la putamadre. Tarantino rules!


2. ¿Cómo hacer -a estas alturas- una buena película de nazis? En Bastardos sin Gloria están todas las respuestas posibles.

3. Reduciendo el drama al mínimo, dejándose llevar por los coqueteos gore, la metaficción cinéfila, la comedia, el relato conspirativo.

4. Sin destrozar una ciudad -contemporánea- para revivir otros tiempos a modo de superproducción. Lo que menos queremos ver en una película bélica son los autos de aquella época, las casas, las calles, etc. Sólo estallidos y sangre.

5. Mostrando a nazis de una inteligencia superior, a diferencia de las tropas aliadas que serán todos una manga de tarados.

6. El elenco de la película -que además deambula entre el francés, inglés y alemán- es perfecto. Sobresaliendo Christoph Waltz como el coronel Hans Landa, Brad Pitt como el líder de los Bastardos, el teniente Aldo Rein, y la nena-venganza-guapa de turno, Mélanie Laurent como Shosanna Dreyfus.

7. Con respecto al soundtrack, no lo tengo tan claro. Es extraño... es Tarantino. Debo darle unas vueltas más.

8. Las citas: Western. Spaghetti Western. Género bélico.

9. Las citas cultas: Leni Riefenstahl o Georg Wilhelm Pabst y todo el cine y la propaganda nacionalsocialista.

10. Ojo que la construcción de la historia es totalmente borgeana, o pigliana o bolañiana, o como quieran. Es a partir del cine: la trama se centra en que los líderes del Tercer Reich se reunen en un pequeño cine francés para ver la más reciente película de propaganda nazi, los personajes son expertos en cines, o críticos, o actrices, o directores, o dueños de un cine, pero al mismo tiempo, rebeldes o soldados encubiertos, las charlas son constantes citas cinéfilas. Sí, es Tarantino, lo sé.

11. La cinta nos presenta al cine como un acto libertario, capaz de cambiar la historia, en oposición al cine de propaganda por el que los grandes regímenes autoritarios han optado para domesticar a las masas.

12. Tengo sueño. Se me hizo demasiado tarde y mañana me levanto temprano.

Valparaíso en instantes

Primera vez que extraño Valparaíso. Lo note estando acá, al llegar de Santiago. saliendo del terminal de buses. Esperando la micro para irme a la casa de mi familia. Me llama una ex novia, me invita a comer al día siguiente, sé que lo dice por decir, que tal vez tenga la intención en este momento, pero no lo hará. Lo olvidará o le aparecerá otro panorama. El clima está raro y me demoro bastante en darme cuenta de que es fecha de carnaval. Odiaba los carnavales porteños, los institucionales y los no oficialistas que dependen de la Insitución, los odio aún, pero creo que puedo soportarlos de vez en cuando, incluso hacerme parte y cervecear en la calle, entre los chascones que no se bañan, entre las chicas lindas que se embriagan y no se bañan, entre los turistas de postal en una ciudad de postal y entre los tambores que no paran ni día, ni noche. Veo a mis amigos, intento verlos a todos, pero es tan poco el tiempo que estaré acá. Valparaíso es mi ex novia, sé que me invita a quedarme, a que pasemos un rato juntos, pero sé que eso no pasará, básicamente porque ya pasó, es parte de un pasado reciente que ya no volverá. La gente de Santiago me dice que Valparaíso es lindo, y es increíblemente entretenido, que ellos darían cualquier cosa por venirse acá. Que no saben por qué mi odio contra la ciudad que me vio nacer. Y yo los entiendo, y no les digo nada, ellos no saben lo que es crecer en Valparaíso, debe ser igual de lindo que mirar a un negrito en los huesos de somalía, ese nivel de lindura, supongo. En Valparaíso la mitad del mundo es “artista”, la otra mitad tiene problemas con el alcohol, en realidad todos, los “artistas” también. Desde los ojos de la Capital, como forastero, efectivamente Valparaíso inspira ternura como un cachorro abandonado. Las mismas canciones, las mismas sonrisas, los mismos cerros, las mismas caras por todas partes. Es lindo estar de vuelta, pero es lindo saber que parto en unas horas.

La guacha en paniko.cl

Los vi una vez en la televisión, tarde, llegando de una fiesta o algo, en ese programa del idiota de Aleste que ahora ya no es un programa, sino que es un intento corporativo de privatizar la música chilena. Bueno, la cosa es que La Guacha concursaba en ese programa. Ahora, los entrevisté para Paniko.cl (ya no está). Sigue así:

Las chicas lindas

Apuntes para una canción

Las chicas lindas siempre tienen novio. Eso debería tenerlo más que claro desde los quince años en adelante. El problema es Santiago. No sólo porque me parezca que el 40 % de las chicas son muy guapas, el resto no está nada de mal y son muy pocas las muy feas. Sino porque algo pasa en la capital, quizá el nivel de desarrollo y civilización, que las chicas en general son muy atentas y cariñosas y uno, que es un tipo solo y enamoradizo, termina en una catástrofe al menos una vez al mes. Confundido y sintiéndose idiota. ¿Por qué una chica linda y enamorada de su pareja se fijaría en uno? No tengo idea. Sólo sé que están ahí, me llaman, me invitan a caminar, a tomarnos un café, a comer algo. Y es que eso es normal, supongo, dentro de las cosas que realiza la raza humana. A veces me miro al espejo y me reto, me digo no te enamores, no creas que ella quiere algo más. Pero es inútil. Siempre di el consejo de que cuando te gusta alguien lo mejor es decirlo de una y así no sufres pensando en cómo decirlo ni intentas descifrar si ella quiere algo más contigo y lo peor que puede pasar es que no te hable más y eso es bueno en comparación a vivir enamorado en secreto. Tal vez, acá en Santiago, eso de decirlo todo de una y tan encima sea demasiado prehistórico, y me ha hecho cambiar mi perspectiva. Lo mejor es no buscar a las chicas lindas, ni intentar nada con ellas. Las chicas lindas en realidad son malas y no porque quieran ser malas sino porque están predestinadas a ser malas y a hacerte mal. Lo mejor que se puede hacer es no darles importancia. Aceptarles todo el afecto que te entreguen, ser su amigo y confidente a la manera loser, pero nunca enamorarse de ellas ni esperar que llegue el día en que se de cuenta de que en realidad, si tú fueras su novio, las cosas podrían ser mucho mejores.

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